... Es mi castor...

La verdad es que esta no es la entrada que tenía pensada para hoy. Pero tiene mucho que ver. Hoy pensaba hablar sobre la Navidad, y de cómo te cambia el chip cuando hay niños en casa, cómo la vivo los dos últimos años, los adornos, los Reyes, Papá Noel.... Pero bueno, mientras acabo de preparar ese post, me he acordado de un vídeo que vi hace ya tiempo y que cada vez que lo recuerdo no puedo evitar sonreir.

No quería dejar de compartirlo aquí, y de este modo que quede aquí guardado, porque creedme... ¡No tiene desperdicio!.

Y es que la Navidad nos deja momentos llenos de ternura y sobre todo cuando la vivimos con los más pequeños.

Aquí tenemos a un peque que tiene que disfrazarse, y a su mami por poco le da algo cuando descubre... "¡que la han líado parda!" ;-)



La lactancia desde sus ojos

Revisando blog amigos, he leído una entrada en Ser mamás sobre cómo ven los niños la lactancia materna, la poca cultura de amamantar que hay para con el mundo infantil; en sus juguetes, en los dibujos, las canciones...

Y cuando lo he leído, de repente me ha venido a la mente una anécdota que me hizo partirme de la risa en el momento, y que con el tiempo también me ha hecho reflexionar sobre lo que estamos transmitiendo a nuestros peques. Me ocurrió a los pocos días de nacer Paulita, y como decía, ha vuelto a mi memoria leyendo la entrada que mencionaba.

Vinieron a casa unos amigos a conocer a la pequeñita con sus dos hijas. No llegaba a cuatro años la mayor y no llegaba a dos la menor en ese momento. Y yo, que por aquellos entonces vivía casi 24 horas con la teta fuera, me puse a darle el pecho tranquilamente a Paula. La mayor de las niñas se acercó y se quedó mirando ojiplática como mamaba mi bebé. Y entonces se produjo una conversación para nota, que reproduzco literal:

- Ella: ¿Qué hace?, (señalando con su dedito a Paula).
- Yo: Está comiendo.
- Ella: ¿No tiene biberón...?
- Yo: No, ella no toma biberón. Toma la leche del pecho.
- Ella: (Poniendo cara de asombro y con los ojos muy abiertos). ¿Tienes un agujero en la tetaaaa?.
- Yo: Sí, hay varios agujeritos, por donde sale la leche. Y tú también tomabas leche del pecho de mamá.
- Ella: (Señala a su mami y me mira con cara interrogante, como diciendo... ¿esa mami??)

Juro que me partía por dentro de la risa. Esa carita y esos ojos de asombro, preguntando "¿tienes un agujero en la teta?" fueron lo más.

Lo curioso de esto, es que su hermanita también había tomado pecho algunos meses, cuando esta niña tendría unos dos años. Pero está claro que no lo recordaba. Aunque eso no es lo importante. Lo importante desde mi punto de vista no es que no recordase a su hermana mamando, es que se está perdiendo la cultura del amamantamiento, lo que es o debería ser nuestro, lo que nos ha hecho perpetuar la especie durante años y siglos.

Una niña que vive rodeada de más niños entre familia, amigos, la escuela... no recuerda haber visto a ningún bebé mamar de su mamá. ¿Esto es normal...?

Nuestros pequeños no están acostumbrados a ver a su alrededor bebés ejerciendo de lo que son, mamíferos. Nuestros juguetes son bebés que toman biberones y van en cochecitos. En los dibujos y películas es también lo que se transmite y lo que ven.


Y es una pena. Porque el biberón, es y tiene que ser una opción más. Pero no la única, y ni mucho menos la más extendida.


Hay que recuperar lo que nuestro instinto manda, lo que nuestros genes han grabado durante siglos y lo que nuestra especie demanda para la supervivencia.

Día Universal del Niño








Porque son nuestro futuro, porque ellos nos devolverán mañana lo que nosotros les demos ahora y porque son el bien más preciado de la sociedad. ES UNA TAREA DE TODOS proporcionales una infancia digna y con un respeto absoluto de sus derechos.

Aquí dejo el enlace al sitio oficial relativo al Día Universal del Niño de las Naciones Unidas. Se puede encontrar información muy interesante, así como la declaración de los derechos del niño.

Día Mundial del Niño Prematuro

Me encontraba esta mañana revisando y leyendo las entradas de los blog que sigo y me he emocionado hasta el llanto con la de nuestra compi bloguera Vero de El Camino para ser Mamá. Relataba con gran amor y de forma desgarradora los sentimientos que como familia tuvieron los primeros días de vida de su bebé.

Desde aquí os envío de nuevo un abrazo enorme, Vero.

El caso es que navegando por la web y de esta forma, me he enterado que era el Día Mundial del Niño Prematuro. Y como siempre digo, qué bueno sería que no tuvieran que existir los días mundiales de nada... Sería señal de que en la conciencia de todos están presentes todas las cosas y acontecimientos que requieren de nuestra atención para que las tengamos presentes en todo momento y se tomen las medidas necesarias para minimizar los perjuicios que nos ocasionan.

Pero esto es casi imposible, y por tanto, me parecen iniciativas muy bonitas e interesantes por lo que generan y difunden. Toda información es poca, toda precaución es poca y por supuesto toda atención es poca cuando se dan determinados acontecimientos como un bebé prematuro.

En mi experiencia personal, no he tenido que vivirlo y sentirlo, porque a pesar de que Paula quiso también venir antes de lo que estaba previsto, y con su "bajo peso" como les llaman a los bebés que nacen por debajo de los 2.500 Kg., esperó a las 37 semanas justas para hacer su aparición, superando con ello, la línea que separa los prematuros de los nacidos a término.

Lo he vivido sin embargo de cerca, en el caso de la hermana de un familiar allegado que tuvo a su bebé cuando yo contaba unos tres meses de mi embarazo, y que nació a las 28 semanas de su gestación, tras un mes de calvario y reposo por una placenta previa. Recuerdo los días anteriores al parto, como en la familia se materializaba el miedo y la incertidumbre, temiendo a ratos lo peor para la madre y el bebé.

Cuando nació, con algo menos de 1 Kg. de peso, los miedos no disminuyeron si no que se acrecentaban, viendo y palpando ahora de cerca, la fragilidad que transmite un bebé tan chiquitito y delicado. Recuerdo que cuando me lo contaban, sentía mucha pena por la mamá y el papá que no podían hacer más que esperar que su bebé luchara y luchara contra viento y marea cada día, por salir adelante. Sentía también mucho miedo al pensar en el bebé que yo tenía en la barriga, y le rogaba en  bajito que se quedase ahí mucho tiempo hasta que estuviese listo. Pero recuerdo sobre todo una frase que al cabo de dos semanas decía la mamá de este bebé, que pasó sin duda los que yo creo los peores días de su vida; decía, "ahora ya puedo hablar de mi hijo sin echarme a llorar". Madre mía... Qué dolor tan grande se desprendía de aquellas palabras...

Pero su bebé luchó, aguantó y salió adelante convirtiéndose en el niño sano y lindo que es hoy. Así como la bebé de nuestra amiga Vero, y como tantos y tantos otros que nacen en el mundo cada día. Que aguantan, con resignación o sin ella, los pinchazos, las vías, los tubos y cables, la falta de bracitos y en algunos casos de teta. Aguantan y luchan como campeones para irse a casa con mamá y papá cuanto antes.


Este post va dedicado a todos ellos, pero también va dedicado sin duda a los que desgraciadamente no lo logran. Ojalá sean cada vez menos, y días como el 17 de Noviembre sirvan para que se informe cada vez más, se investigue cada vez más, se avance en los cuidados que estos bebés requieren tanto que todos logren crecer felices y sanos junto a sus familias.


El nacimiento prematuro es la principal causa de mortalidad neonatal y la segunda causa de mortalidad infantil en el mundo. Según la OMS se estima que cada año nacen 15 millones de bebés prematuros, es decir, antes de las 37 semanas de gestación. Y que cada año mueren 1,1 millones de todos ellos.

Estos datos son cuanto menos, preocupantes y espero que con iniciativas como las de este día y el apoyo y los compromisos de Organizaciones como la propia OMS o UNICEF se logren reducir estas cifras en la medida de lo posible, y los que se quedan del lado de lo imposible que obtengan y dispongan de todas las atenciones y cuidados necesarios para salir adelante con éxito.




Cuentos Chinos


Poco a poco vamos volviendo a la normalidad. A nuestra normalidad.

Hoy volvemos a comenzar la mañana llorando mi gordi y yo. Como ha estado malita tantos días y más de una semana sin pisar la guarde, ahora reclama su derecho a quedarse en casa con mami y estar todo el día recibiendo y dando mimitos sin parar.

Me parte el alma tener que soltarla y dejarla llorando, viendo cómo me voy sin que su llanto parezca tener efecto en su papá y su mamá que se marchan sin mirar atrás.

Y claro que tiene efecto... Lo que pasa que no puedo hacer lo que el cuerpo me pide, que es darme la vuelta, cogerla de nuevo y salir corriendo de allí sin decir ni adiós!.

En estos momentos, más que nunca, me parecen cuentos chinos, todos los pretextos que me suelen dar familiares y compañeros para defender las bondades de las guarderías.

Me parece un cuento chino pensar que los niños se tienen que socializar cuanto antes. Porque perdónenme ustedes pero los bebés NO se socializan con sus semejantes de su edad; tres narices les importa relacionarse con otros niños cuando antes de los 15 ó 18 meses ni siquiera se reconocen como un niño propiamente dicho, separado y desvinculado del cuerpo de mamá. De hecho sólo hay que observar a los niños de estas edades en la guardería... Juegan o se entretienen unos al lado de los otros, pero no unos con los otros. Prefieren estar con un adulto, les transmite más seguridad y calma. No es de extrañar, los adultos deben recordarle más a sus papás.

Un cuento chino me parece también, pensar que es muy bueno para ellos porque así se inmunizan... Ésta, sinceramente es la mejor de todas las excusas!. La maduración del sistema inmunológico lleva un proceso, como todo en la vida, y se va desarrollando y formando con el paso del tiempo y a base de entrar en contacto con diferentes virus o bacterias. Pero todo lleva su tiempo!, y acelerarlo de esta forma... no creo que sea la mejor manera. Dicho por mi pediatra no hace muchos días: "no se inmunizan yendo a la guardería... no nos inmunizamos nosotros que tenemos un sistema inmunológico desarrollado y fuerte! como para inmunizarse ellos..."

También es muy buena la excusa de que se espabilan antes. Esto me hace reflexionar bastante. ¿Qué entienden exactamente por espabilar la gente que dice y piensa eso?. Creo que se refieren a aprender a defenderse (a ellos mismos y a sus cosas), aprender a guardar turno, aprender que no son el centro del universo, a acatar órdenes... 0_0 ... No sé, no sé,... Esto directamente me deja sin palabras.  Mi bebé con 11 meses tiene que defenderse, ¿de qué...? ¿tiene que aprender a guardar turno?... Me parece a mi que estamos queriendo que los niños dejen de ser niños cuanto antes y sobre todo, antes de lo que les toca.

Que no esté tan "enmadrada/o" es también una de las razones alegadas con más asiduidad... ¡Odio esa palabra! Y por más que lo pienso y lo repienso, no le encuentro el lado malo.

En fin, no sigo porque las razones son cada vez más infundadas desde mi punto de vista. Nadie se para a pensar si es cierto o no, que a los niños tan pequeños les guste estar con otros niños (que NO lo es, ya os lo digo yo que también sé ponerme en plan "sabelotodo"), si es cierto o no, que les venga bien para inmunizarse ponerse malos tres días sí y uno no, etc.

Me hace gracia que a nadie en su sano juicio se le ocurre opinar sobre determinados temas pero otros son de dominio público. Nadie opina por ejemplo sobre una operación de cirujía a corazón abierto, nadie se atreve a dialogar con sus amiguetes en plan: "yo creo que es mucho mejor que te seccionen la ahorta y no la carótida, el resultado es inmejorable!". Sin embargo, a diestro y siniestro te encuentras personas a diario que opinan sobre cuándo y cómo deben socializarse los niños, lo bien que se educan en las guarderías y no bajo las faldas de su mamá, y un largo etc de temas que están muy bien fundamentados y documentados científicamente, pero claro está, sólo para quien está interesado en esos fundamentos.

No nos engañemos, las guarderías nos vienen muy bien a los adultos, NO a los bebés. Vivimos en una sociedad que hemos creado por y para los adultos, y sin pensar en las necesidades de los más pequeños, por tanto, poco o nada importa lo bien o lo mal que les venga estar en el cole o guarde 8, 10 e incluso 12 horas que están algunos.

No estoy con esto demonizando las guarderías y escuelas infantiles. Dejo a mi hija en una de ellas, muy a mi pesar, eso sí. Es sólo que no me gusta como está establecido y pensado el sistema educativo en nuestro país. Pienso que todo forma parte del mismo negocio y de la misma estructura, pensada como decía, por y para el bien de algunos adultos.

En el Hospital


Las últimas tres semanas hemos ido un poco de cabeza. Paula se ha traído a casa uno de esos virus con los que convive en la guarde de manera habitual, y que de vez en cuando, se vienen con ella sin permiso y sin invitación a hacernos un poco la vida imposible durante días.

El papá burbujita también ha estado de médicos, con pruebas y más pruebas, como ya contábamos hace unos cuantos post.

Y para rematar, mi sobrina ha estado ingresada dos semanas, intervenida de peritonitis, pasando por una infección importante que nos ha tenido a todos con el pensamiento todo el día en esa habitación en la que se encontraba, del hospital a casa y de casa al hospital. Ya adelanté en esta entrada, en la que hablaba de la NO conciliación con la que vivimos, que con todo este lío había pensado en varias cosas, que escribiría en otro post. 

Y aquí estoy, contando lo que he visto y oído estos días con la hospitalización de  la sobri.

Es un post optimista y esperanzador, por todo lo que hemos vivido, en momentos que ya llevan bastante carga de estrés, miedo, cansancio e incertidumbre, como para añadirle una dosis extra de todo ello, derivado del trato al niño en el hospital.

Todo comenzó cuando al nacer mi pequeña Paula, tuvo que quedar dos días y medio ingresada en la unidad de neonatología por bilirrubinemia, o bilirrubina alta para entendernos mejor. Quedé traumatizada, después de tres días sin parar de llorar, por no poder permanecer 24 horas con mi bebé recién nacido. Por eso, cuando ingresaron a mi sobrina y vi que mi hermana y mi cuñado podían estar a todas horas acompañándola, salvo raras excepciones en momentos muy puntuales, empecé a recordar y a leer de nuevo información sobre los derechos del niño hospitalizado.

Ojalá hubiese sabido más sobre el tema en ese momento, más sobre lo que podía reivindicar como derechos que me pertenecían, que nos pertenecían a los tres.

Ya es demasiado dolorosa para cualquiera la estancia en un hospital, el estar enfermo, el no poder seguir con tu día a día, con tus actividades habituales, pero cuando le toca a un niño es totalmente descorazonador. Es una situación de total indefensión para ellos, de incertidumbre por no entender lo que les pasa y el por qué les hacen daño, por qué ahora no están papá y mamá, y a cambio están continuamente en una cama con ese pijama tan feo y sin sus juguetes, sus libros, sus cosas en definitiva.

Pero lo que he visto estos días atrás no se parece en nada. ¿Sigue doliendo?, por supuesto, me partía el alma ver a mi sobrina enganchada todo el día a sus 3 ó 4 vías, su drenaje, sus pinchazos... pero por suerte, la situación se puede mitigar bastante.

He visto que papá, y sobre todo mamá (por circunstancias laborales), le acompañaban en todo momento, que se le trataba con cariño y respeto, explicándole paso a paso cada cosa y cada tratamiento que tenía que recibir. Habitaciones con dibujos; doctores con artilugios que utilizan en su día a día adornados y de colorines; pasillos llenos de trabajos y dibujos que los mismos niños cuelgan y regalan a sus enfermeras; salas de juegos, de informática; un aula escolar con profesor que les ayuda a no perder sus clases y a su vez a no estar todo el día postrados en la cama; payasos que vienen a la habitación a alegrarles la tarde y hacerles reír; espectáculos de magia...

Como decía, todo esto no hace que disminuya el dolor que te produce verles pasar por una enfermedad prolongada, una operación o un simple análisis de sangre, pero sí ayuda de forma increíble a mitigar la sensación de indefensión de la que hablaba al principio, las faltas de respeto y de sensibilidad que me parecen determinadas actitudes adultocéntricas que he podido ver en otros hospitales y centros.






Como en casi todo en la vida, hay profesionales para todos los gustos y colores, pero tengo que decir, que la norma general es que en el Hospital 12 de Octubre de Madrid, están comprometidos con el respeto a los derechos que todos los menores tienen desde el momento que entran por la puerta del hospital.






Estos son los derechos del niño hospitalizado, redactados en la carta europea del 13 de Mayo de 1986. Y por tanto los que podemos y debemos reivindicar siempre que por desgracia nos veamos en situación de tener que hacerlo.



El texto publicado en este folleto, en el que han colaborado niños, es una versión de lectura fácil, dirigida a
la infancia, sobre la Carta Europea de los Niños Hospitalizados. El texto original y completo es posible
consultarlo en el siguiente enlace, junto con otros documentos de interés:

http://www.pediatriasocial.com/documentos.htm

Si mucha gente es conocedora de estos derechos, espero y confío en que llegará el día que no se tolere algo diferente. Que en todos los hospitales donde se ingresan a niños y niñas, se hagan respetar todos y cada uno de ellos.





Elegir la guardería.


La experiencia es un grado, ahora lo puedo asegurar...

Recuerdo haber recorrido todas las guarderías cercanas a casa (privadas..., puesto que las públicas no se adaptan a los horarios laborales actuales...). Digamos en un radio 'aceptable'... valorando la proximidad al domicilio, buscando que el recorrido fuese el menor (sobre todo de cara al frío invierno), pensando además que así sus compañeros de guardería serían también sus amigos del barrio...

Recuerdo cada entrevista que mantuvimos, previa cita, con los diferentes gerentes (mujeres por lo general), de estos centros educacionales. Entrevistas muy diferentes donde, en principio, todo son buenas y tranquilizadoras palabras. Te explican las pautas y reglas básicas por las que se rigen y el funcionamiento de la cocina mientras te van calculando la cuota mensual...

Recuerdo haber estado en todas aquellas escuelas infantiles... miraba con ahínco los pequeños detalles que, al parecer, tanto debíamos tener en cuenta: aulas limpias, amplias, aseadas... Ventanas y enchufes fuera del alcance de los niños, escaleras protegidas por barreras de seguridad, mobiliario sin cantos vivos...

Recuerdo, que además del trauma que supone la separación física se une la preocupación por la atención que recibirá en el centro donde pasará gran parte del día y la carga económica que ello conllevará... Esto hace plantear muchas dudas e inquietudes... ¿cuántos cuidadores estarán a su cargo? ¿cuántos compañeros tendrá en clase?... a parte de las propias inseguridades que esto te plantea como padre... ¿estaré obrando bien? ¿esto es lo mejor que puedo hacer? ¿es necesario?



Ahora me doy cuenta de otras tantas cosas que pasamos por alto y que quizás sean mucho más importantes a la hora de escoger:

No recuerdo información clara: Hay puntos comunes a todos los centros. Muchas veces, por falta de información nos pasan factura: 'Tendrá un cuidador y una persona auxiliar de apoyo (común a todas las clases). Compartirá la clase junto a otros 7 siete compañeros...' (y ya nos parecían muchos...)
Pero esto solo es válido para menores de un año, la verdad es esta:
- En el caso de niños menores de 12 meses, 8 niños por clase.
- Si tienen entre uno y dos años, 20 niños por clase.
- Si ya tienen entre tres y seis años, 25 niños por clase.

No recuerdo haber conocido a su cuidador. Está muy bien entrevistarse con la dirección de centro, pero el día a día se batalla con el cuidador asignado, ¿será una persona alegre? ¿dedicada? ¿tiene paciencia y es competente en su trabajo?.

No recuerdo haber dejado claro cosas que ahora entiendo básicas:

¿Duermen todos juntos o por grupos?
¿Qué hacen cuando un niño no quiere dormir o se despierta antes de hora?
¿Qué hacen si un niño llora? ¿Es atendido y cogido en brazos?, ¿le dejan llorar y ya se le pasará?
¿Tapan a los niños con sabanitas o mantas en invierno? ¿Ahorran en calefacción?
¿Usan algún tipo de hamaquitas, los tienen en el suelo?
¿Pueden entrar los padres a las clases o deben quedarse fuera esperando a que te saquen al crio hasta la puerta?
¿Cuáles son los procedimientos en caso de emergencia? ¿Qué pasa si mi hijo se pone enfermo en la guardería?
¿Titulaciones de los profesionales que trabajan en la escuela?
¿Me permiten que lleve la leche materna en un biberón y ellos se la calientan al baño Maria?
¿Cómo se hace la adaptación en el centro? ¿Te permiten estar?
¿Disponen de menús para alérgicos?
¿Que tipo de material que usan?. ¿Alguna metodología?
¿Utilizan silla de pensar o pegatinas o alguna cosa así?
La comida, ¿es propia? ¿facilitan los menús para saber qué comen?
¿Días de vacaciones en los que cierran, puentes etc...?
¿Qué metas tienen en cuanto autonomía y conocimientos de los niños?
...
En definitiva...
¿Porqué no se informa correctamente a las familias en temas tan trascendentales?
Las guarderías conocen de sobra estos y otros muchos casos que son dudas comunes de padres y madres a lo largo de los años... ¿Es que lo único que importa es que pagues la matricula para llenar su cupo?


¿Concilia... qué?

Eso, ¿concilia... qué?...

Con esto de tener a la sobri ingresada en el hospital desde hace ya más de una semana, me ha dado por pensar en varias cosas que tienen que ver con la hospitalización de los más pequeños. Unas, las que me ocupan en este post, y otras de las que hablaré en otra entrada para no alargarlo mucho.

Mi madre, es decir, la abuela de la niña, tuvo su permiso correspondiente de tres días (que son dos por ley, ampliado a tres por convenio) por la hospitalización de su nieta, o sea, familiar de segundo grado de consanguinidad. Y a mi hermana, la madre de la criatura, por su primer grado de consanguinidad correspondiente... ¿qué cuánto en este caso?... pues ¡los mismos tres míseros días! que se dan hasta el segundo grado (recordemos que siguen siendo dos, ampliados a tres por su convenio).

La verdad es que nunca me había parado a pensarlo. No había tenido la necesidad afortunadamente. Ahora que se nos ha dado el caso en la familia, lo pienso y me dan escalofríos. Mi hermana ha podido cambiar una semana de vacaciones que se había dejado para las navidades y la ha añadido a los tres días que por convenio le corresponden. Aún así, el viernes finalizará este período. Y como la cosa ha sido complicada y todavía le quedan días de estancia en el hospital, cruzaremos los dedos para que el fin de semana le den el alta, porque si no, ¿cómo se supone que actúa una madre?. ¿Se va a trabajar su jornada de 8 horas dejando a su hija sóla en el hospital con 11 años?.

Francamente, no me parece viable. Un niño ingresado debe estar acompañado por sus padres. Para empezar, si en un determinado momento surge una complicación y hay que intervenirle o hacerle cualquier prueba de inmediato... ¿Quién la autorizará?. No pueden intervenir de forma urgente, tanto si es una prueba médica como una operación quirúrgica, a un niño pequeño sin la autorización de mamá, papá, o en su defecto su tutor legal. ¿Qué pasa entonces?.

Sé que existe una baja para uno de los dos padres trabajadores, cuando el niño padece cáncer u otra enfermedad grave. Lo que no sé es si se ha hecho un listado con las enfermedades que sí son graves y las que consideran que NO lo son. Pero claro, si mi hijo está ingresado porque se le ha complicado una apendicitis a peritonitis, aunque esté grave y para mi sea lo más importante del mundo acompañarle en esos momentos, da igual. Creo que eso no se considera grave. Te aguantas y punto.

Cada día me asombra más lo poco que tenemos en cuenta a nuestros pequeños y el poco lugar que ocupan en nuestras aceleradas y ocupadas vidas. En vez de adaptarnos nosotros a sus necesidades, les obligamos a adaptarse ellos a unas vidas que no son adecuadas para los niños, (en mi opinión tampoco para un adulto pero esa es harina de otro costal...).

La verdad, entiendo que muchas mamás y papás se vean obligados a presentarse en la consulta de su doctor llorando a moco tendido, porque la situación de tener a un hijo ingresado les abruma y supera de tal manera que no son capaces de realizar sus tareas laborales con el rendimiento adecuado, suplicando una baja porque su estado emocional no les permite trabajar en las mejores condiciones. ¿De verdad todo esto es necesario?. ¿No hay mejor manera de hacerlo?.

De nuevo vuelvo a gritar en silencio desde mi pupitre...



Semana Internacional de la Crianza en Brazos 2012

Hoy finaliza la semana Internacional de la Crianza en brazos, que este año lleva por lema "Porteando una tradición".

Me encantan estas iniciativas y celebraciones, aunque siempre he pensado que cuando algo así necesita ser recordado, es que algo está fallando. Pero es innegable, y sólo hay que salir a la calle y mirar a tu alrededor, o hablar con diez personas elegidas al azar, para darse cuenta de la necesidad de esta iniciativa y de recordar un día tras otro que la mejor forma de crianza y el entorno más feliz para el bebé son los brazos de su mamá.

He querido hacer y mostrar mi pequeño homenaje a esta semana:

- Porque es lo mejor.
- Porque es lo natural.
- Porque es lo que hay grabado en nuestros genes a fuego durante millones de años, lo que nos ha hecho sobrevivir como especie, aunque nos empeñemos en borrarlo.
- Porque como especie altricial que somos requerimos de esos cuidados una vez finalizada la gestación.
- Porque diferentes antropólogos han confirmado que en tribus y culturas en las que se portea a los niños y se les cría en brazos, los bebés apenas lloran y no conocen de la existencia de cólicos del lactante o llanto inconsolable del lactante.
- Y en definitiva, y para no alargar la lista hasta el infinito... Porque desde que nació mi hija, los momentos más felices, placenteros y reconfortantes son los que la tengo en brazos y siento su olor, su calor y su paz.

Paula pasó casi la totalidad de sus seis primeros meses de vida en mis brazos. Apenas la soltaba para ducharme y poco más, sobre todo los tres primeros, en los que era un baile de teta, brazos, cama, sofá y vuelta a empezar. Nunca pensé que me sentiría así, no me hacía falta nada más... Estaba cerquita mío, la sentía tranquila, descansando y saciada de todas sus necesidades. Éramos felices tan sólo así.



Este es un collage que hemos creado, con un gran resumen de todos esos momentos. Me gusta pensar que tú lo hayas disfrutado tanto como lo hemos hecho papá y yo, mi amor.


Ingrata sorpresa

Estando embarazada, cuando fuimos a comprar el cochecito de Paula y algunos artículos de esos que crees de necesidad... me hicieron una suscripción gratuita a la revista Mi bebé y yo. Durante seis meses la recibí en casa tal y como me habían informado. La hojeaba y leía cada mes, y algunos de los artículos me parecían bastante interesantes. En definitiva, la línea que seguían en general me gustaba.

Una vez se acabó la suscripción gratuita a los seis meses, me siguen enviando los artículos destacados vía mail. Cuando puedo y tengo algo de tiempo les echo un vistazo. Y lo último que me he encontrado, es esta ingrata sorpresa en este enlace.

Cuando lo empecé a leer, pensé que era una broma. Pero ¿qué dicen?. ¿Cómo se puede escribir algo con tan poco rigor y soltando afirmaciones totalmente infundadas y con argumentos tan poco científicos?.

Estamos hablando de aconsejar a las mamás y papás, no atender inmediatamente a sus bebés cuando lloren, a dejarles un rato llorando para que no piensen que son nuestros dueños. Resulta que para que el bebé se de cuenta que es una persona diferente a sus padres, hay que dejarle un rato llorando y chillando antes de acudir a cogerle. Y debe y puede aprender pronto a autoconsolarse.

Menos mal que se han molestado en aclarar que ¡podemos estar tranquilos!, NO es un comportamiento cruel e irresponsable. Menos mal que nos lo avisan, porque claro, cualquiera que lo lea, podría pensar enseguida que estos de la revista se han vuelto locos recomendando a millones de padres lectores que no deben atender a sus hijos rápidamente. Eso es justo lo que yo pensé al leerlo. Ahora me quedo mucho más tranquila...

¿En qué se basan? Hasta se atreven a decir en qué momento tienes que decirle que NO a tu bebé y ponerle límites. ¿En serio?. ¿A mi bebé de 8 meses?.

Y lo mejor de todo es que en ningún momento se cita ningún estudio, ningún autor, libro, nada de nada que suene a medianamente riguroso y que nos argumente por qué narices es bueno que nuestros hijos se acostumbren a que cuando lloren no vamos a atenderles rápidamente.

Yo he estudiado cinco años de carrera de Psicología y nunca me han enseñado nada de eso... De hecho, más bien he llegado a la conclusión contraria con el paso de los años y la lectura de muchísimos libros y estudios sobre el tema.

Creo que si atiendo a mi hija en cuanto se ponga a llorar, al igual que haría con cualquier otro ser humano, no va a aprender que soy su esclava y ella mi dueña, simplemente va a aprender que su mamá estará ahí siempre que pueda y me necesite, lo cual le hará sentirse segura y como consecuencia ser más autónoma y tener más confianza en sí misma y a su vez en mi.

Si la dejo un ratito llorando antes de ir a ver qué le pasa (por cierto no nos dicen cuánto, ¿cuánto tiempo señores debemos contar, hasta poder ir a cogerle?, 5 minutos, 10, media hora?...), yo creo que lo que aprenderá es que para conseguir mi atención, mi ayuda y mi consuelo debe llorar un buen rato antes. Así que no veo yo cómo va a aprender a autoconsolarse, si no más bien todo lo contrario.

Estoy un poco cansada de leer este tipo de cosas. Por favor, no más consejos gratuitos sin argumentos y con tan poco rigor. Es un tema muy importante y trascendente. Y menos hacerlo en un medio que llega a tanta gente.

Pegar o no pegar... Esa NO es la cuestión...

O no debería serlo. ¿Por qué se cuestiona?. ¿Por qué se somete a debate?. Algo está yendo mal.

En los últimos días, he formado parte de varias conversaciones en las que se hablaba sobre el dichoso "cachete a tiempo". Y digo que he formado parte, porque estaba presente y las escuchaba, pero sin opinar en ninguna de ellas. ¿Por qué?, porque me siento como un salmón nadando contra corriente, porque en el único sitio en el que siento que no estoy sola en mis pensamientos es aquí dentro, leyendo a un montón de personas, papás y mamás que han reflexionado mucho y que argumentan de manera contundente lo que dicen y piensan.

Pero cuando salgo a la calle, cuando salgo de mi pequeño castillo burbujil..., entonces parece que todo se vuelve gris, y que de repente han desaparecido todas esas mamás y papás, esos que al igual que yo, saben que no se debe pegar, ¡A NADIE!. Que si se hace está mal, que si se pierden alguna vez los nervios y se pega, ¡ESTÁ MAL! y hay que disculparse, pedir perdón y reflexionar sobre lo ocurrido para que no suceda más. Que el niño es un ser humano con los mismos derechos y que merece el mismo respeto que los adultos.

Como decía he tenido que ser testigo de varias conversaciones últimamente en las que se hablaba sobre pegar y no pegar, si cachete o no cachete, que si manotazo por aquí o azote por allá... ¿Por qué?.

¿Por qué se somete a opinión pública algo que no está permitido por la ley?. Algo que en el peor de los casos es una falta absoluta de respeto y una humillación contra la persona que lo sufre. Ni siquiera me gusta alzar la voz en estos casos para dar mi opinión, ¡porque no debería ser una opinión!. ¿Hasta cuándo va a estar justificado?. No entiendo nada. No entiendo por qué sí respetamos (en la mayoría de los casos) que a un adulto no se le pega, no se le grita ni se le dan manotazos, (incluso cuando te saca de quicio y te pone de los nervios), pero a un niño sí... ¿Por qué?. No quiero ir más allá y achacarlo todo a la superioridad física, y al saber que no puede contigo, que no puede responder con la misma moneda, porque ya eso me parece muy fuerte. Pero es que no se  me ocurre otro motivo para que se justifiquen esos comportamientos sólo cuando se trata de los niños.

En las conversaciones de las que fui testigo y las cuales han motivado este post, por lo indignada que me sentí, y aún siendo en diferentes escenarios y con distintas personas, una de las cosas que me chocó fue el que se dijese, "todos hemos cobrado de pequeños y no tenemos traumas".

¡¿Cómo?!...

Pues mire usted, que no estoy yo tan segura... ¡Yo sí que no tengo traumas!, que a pesar de que alguna vez "he cobrado" como suelen decir, no defiendo ni justifico en absoluto el pegar ni a un niño ni a nadie. De hecho no puedo estar más en contra de la violencia. Pero todas esas personas que "habiendo cobrado" siguen pensando que ese es un camino a elegir para la educación de sus hijos... esas personas SÍ QUE TIENEN TRAUMA. A mi alguna vez mi madre me pegó de pequeña algún cachete o azote, lo recuerdo y en algunas ocasiones hasta lo comentamos. No está orgullosa, de hecho ni siquiera le gusta admitirlo, siempre dice que "a veces me ponías de los nervios", pero nunca admitiría que aquello estuvo bien.

No tengo ningún trauma, quiero a mis padres con locura y ellos a mi también, a pesar de que todos habremos hecho cosas de las que no nos sentimos orgullosos. Además mis estudios me han enseñado otras maneras de gestionar mis emociones. Odio la violencia en cualquiera de sus formas y con cualquiera que sea.

Pero frases como "le di un tortazo en la boca porque me contestó mal", "la cojo de la coleta y la llevo a la habitación", "no sé por qué pega tanto, y eso que cada vez que lo hace le doy en las manos"... me chirrían en los oídos, no lo puedo evitar. Las he tenido que escuchar últimamente, en contextos de lo más variopinto, y cada vez que ocurre me vengo a casa triste, muy triste.

Por favor, hagamos ejercicio de autocrítica, el camino se demuestra andando. Hay que dar ejemplo y despojarnos de todas esas décadas y siglos de educación a base de riñas, castigos y golpes. Tenemos que dejar todo eso atrás, empezar a educar desde la libertad, desde los valores de respeto mutuo y amor al prójimo, y no se puede hacer de otra manera que con el ejemplo.

Condenados a la extinción

Esto es lo que se me viene a la cabeza en los últimos días, cuando leo determinadas insensateces y aberraciones sobre la lactancia, la crianza, y el cuidado del ser humano en general.

¿Es posible que estemos tan mediatizados por el sistema consumista en el que nos hemos metido, que estemos renegando de nuestra propia naturaleza, de nuestro comportamiento como mamíferos, como animales sociales que somos?... Parece que sí es posible... De veras ¿puede una especie sobrevivir al paso de los siglos con unos comportamientos cada vez más y más alejados de lo que la naturaleza dicta para ellos?... Me da a mi la sensación que es cuánto menos, difícil.

Tal como leí hace días en un artículo precioso sobre la sexualidad y la lactancia (me he vuelto loca buscando el enlace para copiarlo pero no ha habido manera..., así soy yo últimamente), el sexo y la lactancia son las dos conductas a través de las cuales se perpetúa la especie, y como tal, han de ser conductas placenteras para cualquier mamífero, de no ser así, evolutivamente no habrían perdurado durante millones de años y por tanto la especie se habría extinguido.

Ahora, en los últimos siglos, tristemente todo está cambiando. Nos cuestionamos continuamente lo que es natural, reivindicamos la libertad e igualdad de la mujer de la manera errónea. Y para muestra un botón, el artículo de la columnista de El País es como de broma. Me avergüenzo en lo que me toca, pues no entiendo francamente como una compañera de profesión (o más bien de formación en mi caso), puede lanzar este tipo de conclusiones. Me pregunto, ¿no será que la angustia que dice que sienten esas mujeres que amamantan a sus hijos, viene dada de la incomprensión de la sociedad en la que vivimos y de esas parejas que deciden no acerarse a ellas porque huelen a leche?. ¿Estamos locos o qué?.

Lo primero en lo que pensé fue en escribir indignada al periódico, pero ya lo hice en su día a La Vanguardia y me sirvió de bastante poco. Quizá lo mejor sea no darles importancia, pues seguramente lo que buscan es generar polémica, y con esto darse publicidad... Otra alternativa no se me ocurre la verdad.

Así mismo, también he tenido que leer la semana pasada opiniones de una modelo de profesión sobre lo inadecuado de dar de mamar a un hijo más allá de los seis meses...

En fin, como digo, me parece cuando menos triste, muy triste. La lactancia es una conducta intrínseca a cualquier mamífero y como mamíferos que somos no deberíamos cuestionarlo, y mucho menos utilizarlo como algo perverso que va en contra de la feminidad y de la igualdad de la mujer.

Quizá, y sólo quizá, lo que deberíamos cambiar no es la conducta de la lactancia, que es evolutivamente uno de los pilares de la perpetuidad de nuestra especie, si no la sociedad en la que nos hemos convertido, en la que hasta las propias mujeres reniegan de una de las cosas más maravillosas que la maternidad te puede regalar, todo ello debido a lo que nos han ido inculcando durante años y siglos, y que nos ha despojado de la verdadera manera de vivir la sexualidad femenina, con todas sus fases y etapas, incluida la lactancia.

Que no amamantar se haya convertido en una opción, pues vale... me parece hasta bien. Pero por favor, basta ya de estupideces. Quien no sepa, o no quiera saber, ¡que no opine por favor!


De tetas, brazos y abrazos

El otro día me llegó al correo un artículo sobre lo importante que es coger a los niños en brazos, y me encantó. Es claro, bonito y muy interesante. Quería dejar aquí el enlace porque además cita libros que tienen muy, pero que muy buena pinta. Lo escribe Cristina Silvente,  Psicóloga de la Salud y Perinatal.

Mientras lo leía, mi mente empezó a divagar de un tema a otro, incluyendo el tema de la teta o la lactancia, de ahí mi título, y de cómo el prisma desde el que nos muestren un tema, es de suma importancia a la hora de posicionarse al respecto.

Y aprovechando que estamos en la Semana de la Lactancia Materna, he querido plasmar mis divagaciones, en las que no estoy sola, por lo que ya he leído en algunos de los blogs de mamis y papis alguna vez.

Me refiero al enfoque que se da, casi siempre que se habla en defensa de la teta, de coger en brazos y de los mimos a los bebés. Y es que siempre se nos dice ¿Por qué es tan importante y tan buena la lactancia materna? ¿por qué es tan importante coger en brazos al bebé?, acariciarle, besarle, abrazarle, piel con piel...

Y la cuestión que a mi se me viene a la cabeza enseguida es; ¿no será que NO es que sea tan importante y tan bueno hacer todo eso, si no que lo que es malo malísimo es NO HACERLO, y hacerlo es simple y llanamente LO NATURAL?. ¿Qué tipo de sociedad hemos creado, que nos tiene que recordar a cada paso que acariciemos, besemos y cojamos a nuestros hijos?. ¿Qué tipo de sociedad estamos formando, en la que amamantar como mamíferos que somos, se convierte en un tema del que hay que hacer campaña, mostrando sus bondades y privilegios para que las mamás no cambien todo eso voluntariamente por algo mucho peor?...

Se nos habla de las bondades de la teta, y vaya por delante que soy la primera en pensar que las tiene (sobre todo las psicológicas), de las bondades del contacto piel con piel y los brazos, de cocientes intelectuales más elevados, mayores autoestimas, mejor salud mental presente y futura... y un largo etcétera.

Y yo me pregunto; si lo normal y lo que la naturaleza ha programado para nosotros los mamíferos, es dar la teta a nuestros hijos y tenerles cerquita nuestro y en contacto continuo mientras son cachorros, lo más lógico es pensar que no es que los que maman y son muy cogidos, besados y tocados por sus progenitores sean más listos, más seguros y más de todo, si no que los que no lo hacen, lo son menos.

¿Es lo mismo?... Parece, pero yo creo que no... Sólo digo, que más que hablarse de los beneficios de una cosa, ¿por qué no hablamos de los perjuicios de otra?. Supongo que porque no interesa...

No interesa que se hagan campañas en las que se diga que entre los niños alimentados con leche artificial va a haber un porcentaje más elevado de diversas infecciones, enfermedades, y hasta ciertos tipos de cáncer. Y que además la media del cociente intelectual en este grupo de niños va a ser ligeramente más baja, por nombrar sólo algunas de las cosas. ¿Por qué? Pues porque no vaya a ser que a mamás y papás les de por informarse y decidan dar el pecho a sus bebés y dejen de comprar toda esa leche... Que no digo yo con esto, que la leche artificial sea veneno, es una opción más, y de hecho afortunadamente, cada día mejoradas y más adaptadas para nuestros pequeños. Sólo digo que hay que tener toda la información dispobible y verídica para tomar una decisión u otra. O en el caso de que no haya otra opción, por lo menos saber cuánto más mejor, para poder suplir con otras cosas lo que no se les da con el biberón.

Pues mire usted, que yo encantada de que mi niña sea muy lista y muy sana... A mi me encanta conocer e informarme de todo lo que la teta transmite, de todo el calor y amor que con ella damos, así como las incontables propiedades nutritivas y protectoras. Leo libros, artículos, revistas y estudios científicos sobre la lactancia, los bebés, la crianza, el contacto con los hijos, etc. y después elijo lo que considero que es mejor para ella y para nosotros. Pero no sé por qué me da a mi que lo que nosotros hacemos en casa no deja de ser lo natural, lo normal para un bebé humano, por lo que me temo que lo que vamos a obtener de ello es lo normal, y no más....

¿La realidad?. No la puedo saber con certeza. Entre tanto, nosotros seguiremos haciendo lo que hacemos, que no sé si le hará más lista que alguien, lo cual la verdad es que me importa bastante poco, pero sí que seguro le hará más feliz. Y eso, a fin de cuentas, es lo que importa.

¡FELIZ SEMANA DE LA LACTANCIA MATERNA 2012!


Día Mundial de la Lactancia Materna



Antes de que naciera Paula, yo pensaba que la Lactancia Materna era simplemente el mejor alimento que se le podía ofrecer a un bebé. Nada más y nada menos.

Ahora que Paula tiene ya ocho meses, y que la lactancia ha sido una de las mejores cosas que las dos hemos compartido, sé que no es sólo eso. Es mucho más. Muchísimo más.

Es conexión. Es vínculo. Es como si el embarazo se hubiese prolongado durante todo este tiempo y la lactancia actuase a modo de placenta, alimentando y proporcionando todo lo necesario al bebé en su justa medida, en su justa temperatura y en su justo momento.

Me encanta llegar cada día y sentarme con ella encima, que está deseando tanto como yo que llegue este momento del día, nuestro momento... Siento sus manitas acariciándome, su tripita contra mi, y siento como en ese momento está recuperando mucho más que su apetito, está recuperando las horas separadas, las caricias, el contacto piel con piel que no hemos tenido. Todo ello igual de importante y necesario.

Ya conté hace un tiempo, cómo había sido nuestra lactancia desde el nacimiento y hasta los seis meses. Ahora, dos meses después, y una vez incorporada al mundo laboral fuera de casa, y superando ciertas dificultades, sé que es posible seguir lactando si se trabaja fuera del hogar, y me siento fuerte y poderosa por superar con éxito cada dificultad, cada comentario y opinión sobre nuestra lactancia, cada traba que ha surgido y que te van poniendo en el camino, no sólo el mundo laboral, también la gente que te rodea, los sistemas de salud, etc., y por todo lo que le transmito y le doy junto con la leche.

Pienso en el día que esta etapa llegue a su fin y me da mucha pena. 

Sé que comenzarán otras etapas igual de bonitas y con otros momentos especiales, pero lo que nos da a las dos La Lactancia, eso no se puede comparar con nada. 

Y si además de todo eso..., encima es bueno para la salud física y mental de mamás y bebés, y también para el planeta...

¿QUÉ MÁS SE PUEDE PEDIR...? 

¡POR UNA LACTANCIA LARGA Y FELIZ PARA TODOS LOS BEBÉS DEL MUNDO!




A través del espejo

Siempre me ha hecho gracia ver cómo mira la vida un bebé a través de un espejo... ¿Qué sienten? ¿Qué piensan?.

Yo juego mucho con Paula delante del espejo. Después del baño, antes, cuando nos estamos vistiendo, al ir a lavar el chupete, al enjuagarnos las manos,... Vamos, casi siempre que pasamos por delante de uno. Se ríe, mira sobre todo mi imagen y seguidamente me mira a mi. Intenta cogerme y tocar a esa bebé juguetona que se mueve al otro lado de esa ventana.


Ella no sabe quién es el bebé que mamá tiene en brazos. De hecho no suelen saberlo hasta bien pasado el año, incluso hasta los 18 meses. Es lo que se llama el desarrollo del autoconcepto. Concretamente, el autoconcepto físico.

Es algo curioso. Los bebés no se perciben como un todo. No saben que son una persona en sí misma, un cuerpo separado de su madre. Los primeros meses empiezan a descubrir sus manitas y sus pies, y juegan con ellos. ¡Es divertidísimo!. Pero ni siquiera en este momento se perciben como un todo. Se perciben por partes, saben que ahí están sus manitas, sus pies, los brazos,...

Aunque todavía no sepan distinguirse delante del espejo, ni quién hay allí dentro, es bueno y muy divertido jugar y que jueguen delante de los espejos, besarles, abrazarles, coger sus manitas y pies y bailar, ensayar diferentes muecas, gestos y expresiones... Van aprendiendo y tomando conciencia de su propio yo, de que su mamá está allí reflejada, de las diferentes partes del cuerpo, etc.

Existe toda una teoría sobre el desarrollo del autoconcepto y el espejo. Es una teoría psicoanalítica, del autor Jacques Lacan, el cual da una gran importancia al estadío del espejo para la formación del yo en el sujeto. Teoría con bastantes años y con un marcado carácter psicoanalista, con lo que ello conlleva, pero tiene puntos muy interesantes.

Otro psicólogo, Lewis, realizó también un experimento para conocer el momento en que los niños son capaces de percibirse a sí mismos delante de un espejo. Es un experimento muy curioso y simpático.

Colocaba a bebés de diferentes edades hasta más o menos los 18 meses, a jugar delante de un espejo y posteriormente y sin que los bebés fueran conscientes de ello, les pintaba la nariz de rojo (ja ja ja, como payasetes...!). Entonces los ponía de nuevo a jugar delante del espejo. El bebé que es capaz de percibirse a sí mismo, al ver su imagen reflejada se llevará su manita a la nariz. Esto no solía ocurrir, como digo, hasta los 15 ó 18 meses.

Los que aún no tienen definido el concepto de sí mismos, ¡hacen lo de siempre!, lo que suele hacer mi niña cuando me acerco demasiado con ella al espejo del baño, llevan su mano al espejo, a tocar a ese bebé que está encerrado allí dentro ¡y que tiene nariz de payaso!. En el caso de Paula, sin la nariz de payaso...

La mantita de actividades que tiene Paula y a la que hemos empezado a dar mucho uso este verano, porque se la ponemos en el patio y se lo pasa bomba; tiene un espejito de mentira y se queda alucinada mirándose sin saber que es ella. Le da manotazos, lo chuperretea, se ríe, pone ojos de susto... de todo un poco. Pero como digo le encanta.

Para nosotros es algo trivial y sin mucha historia, pero para ellos debe ser algo increible ir descubriendo poco a poco, y pasito a pasito su propio yo, su propia persona, tanto física como psicológicamente. Ir descubriendo cómo cambia nuestro cuerpo, nuestra cara, con cada expresión, con cada mueca.

 En definitiva, es un buen juguete, y estaría bien tener uno a su altura para que se puedan reflejar en él mientras juegan o mientras jugamos.




La lactancia tras la incorporación

Después de tres semanas, ahora puedo decir que, ¡se puede continuar con la lactancia tras incorporarse al mundo laboral!.

¿Es más complicado?. No tanto...
¿Más incómodo? Mucho...
¿Menos bonito? Seguro. Sobre todo en los momentos que ella no está. Pero lo llevamos como podemos.

En la hora que dispongo para comer de 14:00 a 15:00, emprendo camino hacia el garaje, donde me esperan mi neverita portatil y mi sacaleches y me extraigo dos bolsitas que posteriormente les dejo en la guarde para que le puedan dar esa leche al día siguiente. A las 14:30 estoy lista y subo a comer en el rato que me queda.

Por la noche seguimos con tomas nocturnas, que pueden ser más o menos, dependiendo de la noche y de cómo se encuentre mi bebota; que por cierto en los últimos días no levanta cabeza la pobre, entre toses, décimas de fiebre, y ahora ¡los oídos!. Y como todo el mundo me dice: "es lo normal cuando entran a la guarde", "pero no te preocupes, se hacen más fuertes"...

Han sido múltiples las veces, y múltiples también las razones que he tenido que escuchar desde que me incorporé, acerca de las bondades y beneficios de la guardería... Supongo que la gente lo hace de buena fé, que pretenden animarme, pero ¿de verdad soy la única que piensa que donde mejor está mi hija es conmigo, y que maldita la falta que le hace a un bebé con 7 meses entrar en sociedad y tener muchos amigos?...

No sé, últimamente me siento como un ser extraño entre mis compañeras. Como si nadie entendiese lo que estoy sintiendo y experimentando. Hay muchas mamás en mi trabajo, pero las oigo hablar y comentar en los ratos que compartimos entre café y café, y siento como si perteneciese a otro planeta. Ellas deben pensar lo mismo, porque me miran con asombro y extrañeza cuando digo cada día que bajo a sacarme leche, cuando salgo pitando como una bala deseando reencontrarme con ella, cuando hablo de los grandes beneficios de la lactancia materna, de lo poco que me gusta tener que dejarla en una guardería y que si tuviese la mínima oportunidad me gustaría dedicarme a cuidarla yo misma las 24 horas como he estado haciendo hasta ahora.

Escucho afirmaciones como que dar el pecho es muy esclavo, que es muy duro, que acabas hasta las narices de la lactancia, que se crían igual de bien con pecho que con biberón, que ir a la guardería les viene muy bien, y hasta que se hacen más duros!

Escuchando todo esto me acordé de un cartel que había visto no hace mucho en el ambulatorio, en una de mis últimas excursiones a la pediatra. Lo copio aquí mismo porque me encantó y porque viene muy a cuento:

"Una experiencia agradable para tu hijo y para ti, desde el nacimiento y hasta que tú quieras. Si no es así, busca ayuda. Consúltanos".

Es decir, que afortunadamente se da por hecho que la lactancia ha de ser una experiencia agradable. ¿Cómo podría ser de otro modo?. ¿Cómo, no una ni dos, si no varias mamás pueden afirmar llenas de razones que la lactancia la han vivido como algo esclavo y cito textualmente palabras que me han llegado a decir: "coñazo"...?

Y mis ojos se van abriendo cada vez más grandes, y mi cara seguro debe ser una mezcla de incredulidad y tristeza.

Para mi la lactancia ha sido y es, unos de los mejores momentos que he pasado y  paso con Paula. Ya en mi relato sobre nuestra lactancia cuento cómo fue desde el primer día y con la intensidad y el amor que lo he vivido.

Pero cuando vi los carteles en el ambulatorio promoviendo la lactancia materna, me llamó mucho la atención éste en concreto. En un principio pensé... "Pues claro, la lactancia siempre se disfruta". Pero al parecer no es así... Y es una pena.

Así que sería bueno que mucha gente lo viera y se concienciara de que si no lo está disfrutando puede acudir a profesionales para que le ayuden a encontrar la manera de llevar una lactancia exitosa y sin agobios. Se puede también acudir a grupos de apoyo a la lactancia, que seguro transmitirán toda la calma, trucos y claves para solventar los obstáculos que puedan surgir. Todo lo que haga falta, pero nunca pasar por esa etapa tan bonita como una esclavitud o un agobio constante.

Desde que nació mi hija y salíamos por ahí a visitar amigos o familia, o a dar un paseo, recuerdo que siempre le decía a mi marido, "que gozada es lo de dar el pecho cuando tienes que salir de casa, porque ya lo llevas todo puesto!!".

Ahora, como decía, se hace un poco cuesta arriba el pasar esas horas que pasamos separadas. Pero cuando bajo a sacarme leche es mi mejor momento de la jornada laboral. A veces incluso, me bajo el móvil y miro sus fotitos, y se me dibuja una sonrisa en la cara de tonta, que no puedo con ella. Y pienso en que mi bebé al día siguiente tendrá lechita rica para beber en mi ausencia. Ni me planteo en ningún momento dejar de sacarme leche. No quiero que disminuya la producción, para que podamos seguir el resto del día, con nuestra lactancia como hasta ahora.

Después llego a casa y ... ESE SÍ QUE ES NUESTRO MOMENTO... Entro por la puerta con ella encima, y ya en cuanto me siento en el sofá va abriendo la boquita y acercándose y agarrando la camisa impaciente. Qué gozada ese momento... Las dos tranquilitas recuperando en unos minutos, todas las horas que no nos hemos visto en el día.

Y a pesar de lo que digan algunas personas, incluso supuestas periodistas que se atreven a hablar y a juzgar a las mamás que defendemos y estamos a favor de alimentar a nuestros hijos de la manera en que la naturaleza dice que se debe hacer, doy fé de que se puede seguir lactando una vez incorporada al mundo laboral, a ese que no te lo pone nada fácil, pero aún así ES POSIBLE.

Y me alegro de haber encontrado la forma de cuadrar nuestras vidas perjudicándolas lo menos posible.

La lactancia se puede y se debe disfrutar, que no nos cuenten cuentos.

Dia Mundial del Sueño Feliz - 29 de Junio




Qué gran iniciativa. Así debería ser siempre el sueño, ¡Feliz!. ¿Cómo iba a ser si no?.

Ya he hablado en otras ocasiones del sueño y el dormir en general, y el de Paula en particular, por tanto, poco me queda más por añadir.

¿Argumentos científicos para acompañar a nuestros hijos y respetarles en el proceso de dormir?. Todos los que se quieran y más en Dormir con tu bebé. Una guía para padres sobre el colecho (Dr. James J. Mc Kenna) y en Dormir sin lágrimas (Rosa Jové).


¿Argumentos emocionales?. Cada cual tendrá los suyos. Los míos los hay a miles. Quizás los más importantes, que nos gusta, que lo disfrutamos y que todavía no he encontrado ningún motivo para no hacerlo.


Pero creo que en los dos post que menciono más arriba queda de sobra explicada y argumentada mi postura en estas cuestiones. 


¡Me encanta que exista este día! Espero que se una mucha gente a la iniciativa, y sobre todo que aprovechándola, cada vez haya más información rigurosa al alcance de todos para que las decisiones respecto al sueño de los peques se tomen sabiendo todo lo que hay que saber.

El llanto infantil y la guardería

Es imposible ignorar el llanto infantil, reza el título de un artículo de la revista fayerwayer.com. El mencionado artículo hace referencia a un estudio publicado por psicólogos de SUNY y la Clark University en Estados Unidos. Parece ser que no es posible concentrarse en una tarea si se escucha llorar a un niño.

Y así debería ser. El llanto de los bebés tiene toda la pinta de haber sido durante millones de años una estrategia evolutiva que ha hecho perpetuar la especie, haciendo que los bebés más protestones que crecían en las cuevas y en la selva, llamasen la atención de sus mamás si éstas se alejaban, para no quedar a la intemperie y desprotegidos ante depredadores o ante el frío de la noche. Esas mamás de esos bebés protestones que lloraban a pleno pulmón, como estaban diseñadas para no soportar oír llorar a sus bebés, acudían de inmediato a consolar y proteger a los pequeños australopithecus. Deduzco que todavía debemos llevar grabado en nuestros genes algo de todo esto, y de ahí los resultados de ese estudio. "No soportamos oír llorar a un niño".

El llanto de los niños sirve para algo, y hay que atenderlo cuando se produzca. Pero lejos de esto, en nuestra cultura actual occidental, se tiende a lo contrario. No sé muy bien cómo ni cuándo, ni de qué manera, la sociedad ha llegado a la extraña conclusión de que el llanto de nuestros bebés es algo molesto e inútil que hay que extinguir. ¿Y cómo se extingue una conducta indeseada?. Está claro, ignorándola. Haciendo que no vaya seguida de ningún refuerzo positivo para el que la emite.

Cierto es, que ya no suele haber depredadores de los que protegernos, ni dormimos en cuevas ante el frío, pero desde mi punto de vista, el llanto ha ido evolucionando con nosotros, convirtiéndose en una herramienta excelente para predecir que algo no funciona bien. ¿El qué?. Hay que averiguarlo. Alguna de las muchas necesidades físicas o emocionales del pequeño no están cubiertas. Pensemos que dependen al cien por cien de los adultos, y sin embargo prácticamente su única forma de comunicarse con nosotros es esa.

Y leyendo este artículo me encontraba, cuando se me vino a la cabeza la imagen del viernes pasado al entrar a la "guarde" a buscar a mi pequeña, justo a la hora en la que casi todos acaban su siesta. La cuidadora auxiliar se encontraba cambiando el pañal a un bebé y según entré por la puerta, ya podía oír desconsolada a mi bebé como lloraba. Entramos su papá y yo, y detrás nuestro entraba también a la clase su cuidadora habitual que llegaba en ese momento al aula. Se me partió el alma. Mi marido empezó a decir que cómo tenían así a la niña llorando, y con mucha razón nos contestaron que "no sé quién" se había despertado antes. Totalmente de acuerdo, pero ... ¿no podría decirle aunque sea de lejos unas palabras de consuelo?... Hablarle para que sepa que alguien está ahí, que en este momento no puede acercarse, pero que está ahí para en cuanto pueda, ir a socorrerla...

La tranquilidad y parsimonia con la que actúan ante este tipo de situaciones es pasmosa. Me deja literalmente helada. ¿Porque yo no estoy quizás tan habituada a escuchar llorar bebés y ellas sí?. Puede ser... Puede ser por eso, que ante la habituación a un estímulo durante mucho tiempo, lleguemos a casi ni percibirlo, o peor aún, a percibirlo y poder desarrollar cualquier tipo de tarea sin la más mínima interrupción y con total concentración.

Vaya por delante que creo que las cuidadoras de la guardería son personas cariñosas, y que se les ve disfrutar y contentas con los peques, pero a pesar de esto... lo que vi no me gustó. Quizás también influye que lo que verdaderamente no me gusta es tener que llevarla y no poder cuidarla yo misma. Que estoy sufriendo casi tanto como ella esta separación, y que lleva algo más de una semana y ya está enferma... Y que me muero por dentro cada mañana cuando me despierto a su lado y sé que tenemos que ir.




Amenorrea por lactancia materna

La última vez que asistí a mi ginecóloga por las molestias que todavía de vez en cuando siento en la zona de la episiotomía, tras confirmar que la cicatriz estaba según ella perfecta (ni fibrosada, ni endurecida ni nada de nada), me preguntó si aún daba el pecho y si me había venido alguna regla. Le dije que sí daba el pecho y que aún no había tenido la regla.

Al parecer, esta falta de menstruación por la lactancia, hace que hormonalmente no estemos funcionando todavía igual que antes, y en consecuencia la zona esté mucho más reseca por la falta de producción de flujo.

La amenorrea que se produce de manera habitual durante la lactancia materna (siempre que se den determinadas condiciones), es el método anticonceptivo de la naturaleza. El que durante millones de años funcionó para que mamás y bebés tuvieran más probabilidades de sobrevivir, espaciando los nacimientos en cada mujer entre dos y cuatro años, perpetuando así nuestra especie, cuando no existían otros métodos de anticoncepción.

Aún a día de hoy, en muchas sociedades y tribus cazadoras y recolectoras, o en culturas no tan occidentalizadas, sigue siendo el método que la naturaleza impone para que las madres puedan dedicarse por entero a sus bebés indefensos, hasta la llegada del siguiente.

La lactancia materna es el método anticonceptivo más usado del planeta, aunque no sepamos que lo usamos. Claro, que hoy en día, en nuestra sociedad, deberíamos ser conscientes de las condiciones y limitaciones que puede conllevar, sobre todo si no se está llevando una lactancia exclusiva y a demanda, (digo a demanda, puesto que si amamantamos a demanda de verdad, es muy difícil que pasen más de 4 horas sin que el bebé succione).

En mi caso, ya vamos a por el séptimo mes, y desde el sexto, la lactancia ya no es exclusiva, aunque sí a demanda y por tanto muy a menudo. Pero la menstruación aún no se ha presentado.

La menstruación puede aparecer sin ovulación anterior, pero no puede haber ovulación sin menstruación posterior, a no ser que se haya quedado una embarazada.

Las causas fisiológicas de esa falta de ovulación son de origen hipotálamo-hipofisario. Debido a la disminución de la producción de estrógenos y progesterona, el endometrio no se desarrolla. Esto viene dado, porque junto a la liberación de prolactina (hormona encargada de la producción de la leche), se da una disminución de la liberación de gonadotropinas (hormonas implicadas en la reproducción), lo que hace que no maduren los folículos ováricos y no se produzca la ovulación.

En el momento en el que comenzamos a introducir otra alimentación y a espaciar las tomas de pecho, los niveles de prolactina bajan, y por tanto puede producirse la ovulación.


De momento, me encuentro dentro de todo este proceso, y aún no sé cuándo los ciclos empezarán a desarrollarse como antes del embarazo, por tanto, debo esperar a qué suceda y tener un par de reglas, según indicaciones de la ginecóloga, para saber si de esto dependían las molestias y sensación extraña en la zona.

Por ahora, seguiremos con todas las tomas que podamos, de día y de noche, y ayudándonos de nuestro sacaleches en el trabajo, también podrá hacer su toma en la guarde,  y que la naturaleza y la biología, que son más sabias, hagan el resto.

Las etiquetas y los bebés

Siempre me he preguntado por qué las etiquetas que marcan las prendas de ropa están cosidas con hilos de nylon y llevan esos picos que tanto daño hacen cuando rozan la piel.

Supongo que no soy la única que ha salido un día de casa al trabajo o a donde sea, y no ha podido descansar, ni parar de rascarse y de retorcerse hasta que ha logrado que alguien le arranque la maldita etiqueta. A mi personalmente me puede llegar a convertir el día en un infierno!.

Y me pregunto, ¿cuál es la razón mágica para coser las etiquetas con ese hilo punzante y que estén hechas con ese tejido tan duro y puntiagudo?. Por favor, que me lo expliquen.

Cuando tuve a Paula, pensé que con la ropa de los bebés no habría ese problema. Que serían mucho más cuidadosos con hilos y tejidos. Pero me he dado cuenta que NO! La gran mayoría de las etiquetas, y aseguro que da igual la calidad y precio de la prenda en cuestión, están cosidas y fabricadas de igual manera y con los mismos hilos. Yo cada vez que compro algo o le regalan algo a Paula, me dedico a comprobar si la etiqueta hace daño o pincha, y en consecuencia, a descoserla cuidadosamente.

Puede parecer a primera vista algo sin importancia como para dedicarle un post. Pero de verdad, en el caso de los bebés me parece mucho más grave. Me intento imaginar lo que debe ser tener algo que me pincha y me araña en la piel del cuello o de la espalda, y no poderme rascar, ni tocar, ni llevar la mano a la dichosa etiqueta para separarla durante unos segundos y darme un respiro.

Ellos tienen unas pieles muy sensibles, y sólo dependen de un adulto para atender cualquier necesidad tan tonta como esa. Y si el adulto en cuestión no sabe lo que le pasa, es difícil que le pueda aliviar. Y claro, lo único que le queda al pobre o la pobre es llorar desconsoladamente!.

Por eso, "Señores Cosedores de etiquetas", por favor, cambien el tejido y los hilos, y sobre todo en la ropa de los más pequeños!. Mientras tanto, las mamás y papás seguiremos atentos a este pequeño detalle que puede ser tan importante para los peques.

 ¿Será una cuestión económica?. Sólo se me ocurre pensar eso, porque si no, no puedo imaginar a qué cabeza pensante se le puede ocurrir coser una etiqueta que está en contacto con la piel, con ese tipo de hilo.


El Sueño de Paula

Desde que Paula estaba en la barriguita, yo ya tenía claro que los niños durante sus primeros meses o años, duermen en la habitación con los papás. ¡Y me daba igual lo que me dijesen otros! Me da igual si se acostumbra, decía yo, de hecho ¡lo prefiero!, porque es lo que a mi me gusta y madre mía, ¡qué disgusto si ella prefiriese dormir solita en una habitación!, ja ja ja, me tendría que aguantar pero lo pasaría mal.

Al principio, como ya he dicho en algún que otro post, Paula nunca lloraba, de hecho han pasado más de seis meses y prácticamente sigue sin hacerlo, o sólo en momentos muy puntuales.

Yo casi nunca la soltaba, casi siempre estaba enganchada al pecho y la mayoría de las veces, era así como nos quedábamos dormidas en la cama. Ella tiene su minicuna pegadita a nuestra cama, y en algunas ocasiones la usa. Se la ve también muy a gusto en ella, siempre cerca de mi, pero lo cierto es que la mayoría de las ocasiones duerme en nuestra cama. Es una delicia. Y por qué no decirlo, una comodidad para mi al darle el pecho.

El caso es que todo el mundo me decía, "no la cojas tanto, no la acuestes contigo, no hagas tal o cual cosa... con lo buena que es y la vas a malacostumbrar tú". Dichosa palabrita, "malacostumbrar". Pero ¿qué sabrán los demás cuáles son las buenas costumbres en mi casa?. En mi casa es una buena costumbre dormir todos juntitos en la cama, darnos calor, afecto, consuelo y mucho amor. Y creo que a Paula también se lo parece.

Tiene su habitación, la que por cierto nos encanta y que hicimos y decoramos con mucho amor, la usamos para cambiarle, vestirle, jugar, darle el pecho, etc. Pero por la noche, nos gusta más estar juntos. Y de momento así será.

Es muy bonito. Se lo recomiendo a todo el que tenga un bebé. Así el tiempo que disfrutas de ellos se alarga también durante las horas nocturnas. Para dudas o miedos que puedan surgir ante el colecho, recomiendo el libro "Dormir con tu bebé. Una guía para padres sobre el colecho" del Dr. James J. McKenna, director del Laboratorio del Comportamiento del Sueño Maternoinfantil de la Universidad de Notre Dame. Una manera muy amena e interesante de documentarnos con precisión y exhaustividad y de despojarnos de prejuicios impuestos por una sociedad que desaconseja el colecho con argumentos poco científicos y fiables.


También nos muestra las ventajas del colecho para los bebés y la lactancia.


De esta maravillosa guía extraigo y resumo algunas normas para practicar colecho de forma segura. 


LO QUE SIEMPRE DEBE HACER:


- Asegúrese de que el bebé duerme sobre una superficie limpia, firme y que no esté acolchada.
- El entorno de su bebé debe estar siempre libre de humo. El bebé no debe dormir en la misma cama que un progenitor que fume (da igual dónde).
- Coloque a su bebé boca arriba para dormir.


LO QUE NUNCA DEBE HACER:


- Compartir cama si alguno de los padres ha consumido alguna sustancia que cause alteración de la conciencia o somnolencia.
- Compartir cama si alguno de los padres está enfermo o agotado, hasta el punto de no poder responder al bebé.
- Compartir cama si existe algún espacio entre la cama y la pared donde el bebé podría caer y quedar atrapado.
- Compartir cama si la persona que duerme junto al bebé es considerablemente obesa.
- Compartir cama si los hermanos mayores que no entiendan el riesgo de asfixia, duermen en la misma cama que los bebés menores de un año.
- Compartir cama si algún animal compartirá la cama con el bebé.
- Dejar a un bebé en la cama de un adulto sólo y sin supervisión.
- Utilizar ropa de cama gruesa.
- Dejar que algo cubra la cabeza o cara del bebé.
- Vestir a su bebé con demasiada ropa.
- Dejarse suelto el cabello largo o utilizar pijamas o camisones con cuerdas o lazos.


Para terminar dejo aquí este vídeo que he encontrado que es una dulzura. Si después de verlo, alguien me dice que no le han entrado ganas de mandar todas las normas al carajo y compartir la cama con su bebé, seguro me está mintiendo.
¡A colechar y a disfrutarlo!



Las Vacunas

Mañana toca pinchazo! Esta vez es sólo uno, menos mal. Porque a los dos y cuatro meses, qué mal se pasa!, con tres pinchazos en cada visita, dos en una pierna y uno en la otra. Salíamos las dos llorando de la consulta.

¡Y es que son muchas vacunas! Y sobre todo en los primeros seis meses. Luego la cosa se va espaciando, por lo menos en la Comunidad de Madrid que es donde resido. La siguiente ya no toca hasta los 15 meses.

Pero éste es un sufrimiento por una buena causa.

Sí, las vacunas son muy importantes, y no entiendo cómo se puede poner esto en duda. Han salvado y salvan miles de vidas en todo el mundo y si no vacunamos a nuestros hijos, no sólo ponemos en riesgo su salud y su vida, también la de otras personas de nuestra comunidad, que sólo pueden valerse de la inmunidad de grupo para defenderse de algunas enfermedades.

La inmunidad de grupo no es otra cosa que la disminución de la probabilidad de contagio de una determinada enfermedad en una población, debido al aumento del porcentaje de personas vacunadas y por tanto inmunes a dicha enfermedad. Si en un país determinado no hay ningún caso de una enfermedad, es imposible que te contagies de la misma, aunque no estés vacunado.

Hay personas que no se pueden vacunar por diversos motivos, como pueden ser enfermedades, o que la vacuna no es efectiva en ellos, o simplemente que todavía no les ha tocado, y es importante que exista una inmunidad de grupo que les proteja. Vi en un documental no hace mucho, el caso de un bebé que había sido contagiado de tosferina, porque todavía no se había vacunado y por tanto inmunizado, según su calendario de vacunación. Estuvo a punto de morir. Y esto no deberíamos dejar que ocurriese.

Por eso, cuantas más personas estén vacunadas dentro de una población, menos posibilidad habrá de que se den brotes epidémicos de enfermedades.

Muchas veces, oyendo a determinados colectivos sobre los efectos adversos de las vacunas, te podrían llegar a entrar mil dudas. Y por ello, me gustaría recomendar el libro del pediatra Carlos González En Defensa de las Vacunas, que como siempre, maravillosamente documentado y con un lenguaje accesible y ameno, nos habla de todo lo relacionado con este tema, desde los datos históricos de las vacunas, hasta información práctica de éstas. Muy interesante y didáctico.


¿Que las vacunas tienen efectos secundarios?. Seguro. Como todos los medicamentos. Pero si vemos la probabilidad de que surja alguno de esos efectos y la probabilidad de enfermar y de que esa enfermedad derive en complicaciones, no queda lugar a dudas.

En este caso, pese a quien pese, la lista se inclina claramente del lado de las vacunas.


El precio de caminar erguidos

Si observamos el nacimiento de una cría de la mayoría de mamíferos en la naturaleza, enseguida nos podría venir a la mente que nuestros bebés están menos desarrollados y más vulnerables cuando nacen. ¿Por qué?. ¿Por qué nos necesitan tanto?, ¿por qué lo natural sería llevarlos en nuestro regazo y simular todo lo que podamos el útero materno durante al menos, los siguientes 9 meses tras el nacimiento?.

Stephen Jay Gould, científico que dedicó su carrera a estudiar la evolución, ha afirmado que el ser humano es básicamente un feto extrauterino durante los primeros cinco años de su vida.

Nuestra gestación actual, si siguiéramos el mismo patrón de maduración de los simios, sería de 21 meses.


Hemos tenido que pagar un precio por pasar de caminar a cuatro patas, al bipedismo. Nuestras caderas y pelvis tuvieron que estrecharse para poder sostenernos en pie. Conclusión: que los bebés cabezones que serían, si pasasen tantos meses ahí dentro haciendo crecer su cerebro, no cabrían por el canal del parto.


Y ¿cómo solucionó la evolución este pequeño desajuste?, pues al parecer, todo apunta a que lo hizo acortando todo lo posible el tiempo de gestación dentro del útero para que el bebé pueda de este modo pasar por el canal del parto ahora más estrecho, para poder caminar erguidos.
 
Me gustaría citar un texto del mismo autor en su obra "Desde Darwin" (1977) que habla de este tema:

"Pero, ¿por qué nacen los bebés humanos antes de tiempo? ¿Por qué ha extendido tanto la evolución nuestro desarrollo general, manteniendo no obstante bajo control la duración de nuestra gestación, dotándonos por lo tanto de un bebé esencialmente embrionario? ¿Por qué no se vio igualmente prolongada la gestación junto con el resto del desarrollo? Según el punto de vista espiritual de Portmann acerca de la evolución, este nacimiento precoz debe ser función de requerimientos mentales. Argumenta que los humanos, como animales que aprenden, necesitan abandonar el vientre oscuro y carente de desafíos para tener acceso, como flexibles embriones, al rico entorno extrauterino de vistas, olores, sonidos y sensaciones táctiles. Pero en mi opinión (y en la de Ashley Montagu y Passingham) existe una razón más importante que se refiere a una consideración que Portmann rechaza despreciativamente como groseramente mecánica y materialista. Por lo que he podido ver (aunque no puedo saberlo con seguridad), el nacimiento humano es una experiencia gozosa cuando se la rescata adecuadamente de los arrogantes médicos varones que parecen buscar el control total de un proceso que no pueden experimentar. No obstante, no creo que pueda negarse que el nacimiento humano es dificultoso en comparación con el de la mayor parte de los demás mamíferos. Por decirlo groseramente, es un proceso un tanto ajustado. Sabemos que los primates hembra pueden morir de parto cuando las cabezas de los fetos son demasiado grandes para pasar a través del canal pélvico. A. H.Schultz ilustra el feto nacido muerto de un babuino hamadriade y el canal pélvico de su madre muerta; la cabeza del embrión es notablemente más grande que el canal. Schultz llega a la conclusión de que el tamaño del feto está cerca del límite en esta especie; “si bien la selección debe sin duda tender a favorecer grandes diámetros en la pelvis femenina, igualmente debe también actuar contra toda prolongación temporal de la gestación o al menos contra los recién nacidos excesivamente grandes”. Estoy seguro de que no hay muchas hembras humanas capaces de dar a luz con éxito a un niño de un año de edad. El malo de esta narración es nuestra especialización evolutiva más importante, nuestro gran cerebro. En la mayor parte de los mamíferos, el crecimiento del cerebro es un fenómeno estrictamente fetal. Pero dado que el cerebro no llega nunca a ser muy grande, esto no plantea problema alguno a la hora del nacimiento. En los monos de cerebro más grande, el crecimiento queda retrasado para permitir un crecimiento postnatal del cerebro. Pero las duraciones relativas de la gestación no requieren alteración alguna. No obstante, los cerebros humanos son tan grandes que debe añadirse otra estrategia para el éxito del nacimiento -la gestación debe ser abreviada en relación con el desarrollo general, y el nacimiento debe producirse cuando el cerebro tiene tansolo un cuarto de su tamaño final."

Venimos a este mundo, después de permanecer nueve meses en el mejor de los lugares en que nos encontraremos. Allí reina la perfección, no hay hambre, ni sed, ni frío, ni calor. Nos mecen de vez en cuando (aunque algunos que se llaman científicos se empeñen en que no), y donde los sonidos que escucha más de cerca son los del cuerpo de su mamá, incluida su voz.


No quiero imaginar lo que tiene que ser de repente salir a la claridad del exterior, con tanto estímulo sonoro y visual. Y lo peor, pasar de estar bien calentito, rodeado y apretadito en la tripita, a que te suelten en una cuna en la que te faltan todo tipo de referencias. Es difícil, pero debemos ponernos en su piel (o junto a ella), debe ser duro si no se atiende a esa necesidad vital de contacto estrecho continuo.

Y por eso necesitamos lo que se ha llamado exterogestación. Un período en el que simulemos en todo lo que podamos el entorno en el que ha vivido el feto hasta su nacimiento. Hay que cogerle mucho en brazos, que sienta nuestro calor y nuestro latido, alimentarle a demanda, y por supuesto atenderle en el momento en que empiece a llorar, porque con esto nos está alertando de que algo no marcha bien para él. Y los bebés no saben gestionar el estrés como hacemos los adultos, y prolongar en un bebé unos niveles de estrés altos puede traer consecuencias irreparables en su salud mental.

En los primeros meses del bebé, se está produciendo un cambio espectacular en su cerebro, se establecen conexiones más rápido de lo que nunca más lo harán y todo lo que dejemos grabado en este período nos afectará de por vida.

Cuando pienso en esto, y veo que se me acaba mi baja maternal, mi lactancia, mis vacaciones y mi excedencia, y en definitiva todo lo que he podido alargar el tiempo para estar con Paula y que no tuviese que ir a "la guarde" tan chiquitita, me doy cuenta que es poquísimo, que aún me necesita mucho y yo a ella. Que necesita mucho más tiempo los brazos de su mamá, las caricias, los besos, los cuidados, y me produce un dolor imposible de explicar el tener que separarme de ella.

Si la pudiese llevar colgadita como un canguro, sin que nadie se enterase en la oficina...

Necesitamos una ley de conciliación que realmente concilie!