Hace poco, una compañera se ha incorporado al trabajo en mi oficina, tras su justita, estricta y ridícula baja maternal de 16 semanas, dejando a su hijo en la guardería sin cumplir aún los 5 meses, casi 10 horas seguidas. Y esto, contando con esa "gran ayuda" a la lactancia de poder salir una hora antes, tras esto, serán casi 11 horas. Un bebé que ni siquiera ha llegado a cumplir la edad en la que diferentes organizaciones internacionales relacionadas con la infancia y la salud, recomiendan que se alimente exclusivamente de la leche de su madre.
Pero dejando a un lado el tema de la alimentación, yendo un poco más allá... Cuando las compañeras nos acercamos a darle la bienvenida y un abrazo a su llegada, me encuentro con que muchas de las mujeres que allí se encuentran, al preguntar por el bebé y por dónde pasará las horas que su mamá estará en la oficina, con el afán de animar o ve tú a saber con qué fin la verdad... sueltan un "pero si ellos no se enteran hombre!!". Mis ojos son como platos.
La propia mamá secunda la afirmación. "Claro!, cuando son tan pequeños no se enteran, ellos están tan felices...".
¿De verdad?... ¿De verdad alquien puede pensar que un bebé que no alcanza el medio año de vida, le da igual estar con su mamá, a la que ama, adora y conoce hasta por el olor que desprende, que con adultos desconocidos, y un buen número de bebés que están en su misma situación y que todos por igual demandan atención continua?.
Claro que se enteran. Por supuesto que se enteran. Y no sólo se enteran, sino que a veces sienten miedo, abandono, estrés, y muchas otras sensaciones nada agradables para ellos, que no entienden nada bien qué está pasando y por qué su madre, que hasta ahora estaba casi 24 horas a su lado, de repente desaparece de su lado para ir a quién sabe dónde.
Lo sé, es duro soportar estas otras afirmaciones, para las que hemos tenido que escoger la opción de la guardería, y digo escoger por decir algo, puesto que en la mayoría de los casos, no hemos tenido más opciones. Pero el hecho de que sea duro no implica que debamos negarlo o inventar cuentos chinos. No será más fácil por el hecho de decir lo contrario.
Recordemos que ellos aún no tienen noción del tiempo. Cuando su mamá desaparece de su vista, ellos no saben si será por un rato, por muchas horas o por toda la vida... No entienden que luego volverá, antes o después, pero volverá.
¿Que se adaptan?. Por supuesto que lo hacen. Con mayores o menores consecuencias, pero se van adaptando, cada uno con sus pobres y escasos recursos, a la nueva situación. Van añadiendo figuras de apego y acostumbrándose a que mamá tiene que irse, pero las reacciones pueden ser de lo más variopintas y pueden darse en cualquier momento. Simplemente, hay que entenderlo, respetarlo y acompañarlo. Es así de simple.
Sino hay más remedio, no lo hay, y punto. Pero negarlo, ignorarlo o trivializarlo, no sólo me parece inadecuado e inútil, sino que me parece una falta total de empatía hacia ese bebé que está pasando seguramente por uno de sus peores momentos en su corta vida.
Con este tipo de afirmaciones y pensamientos, nos estamos haciendo flaco favor a padres, madres y bebés. Deberíamos en lugar de eso, reclamar una verdadera ley de conciliación de la vida familiar, y no esta birria que tenemos, que ni siquiera se acerca a lo que sería lo ideal y saludable, y que no tiene en absoluto en cuenta a ninguna de las partes implicadas, desembocando todo eso, en una sociedad un poco peor, menos empática y que no apoya ni se preocupa por los que son el verdadero futuro de dicha sociedad.
Besos Libres, niños libres
Me sumo a la preciosa y sobretodo necesaria iniciativa que ha lanzado BeaMamádeDos, para lograr una infancia llena de Besos Libres. Hay luchas que nunca deberían existir. Y ésta es una de ellas. Por lo obvio que debería resultar que a NADIE, y cuando digo nadie quiero decir NADIE, ni siquiera los niños (parece que a veces se nos olvida), se le debería obligar, o presionar, o insistir, o coaccionar para que de muestras de cariño a otra persona.
El cariño y el amor deberían ser espontáneos y siempre motivados por un verdadero sentimiento de amor o cariño. De hecho, para los niños es así. Ellos no entienden de chantajes ni besos robados ;-). No sienten la necesidad aún, de "quedar bien con nadie ni aparentar".
Yo esto lo tengo claro. Yo sólo beso y abrazo a quien quiero. Y por tanto, espero y quiero lo mismo para los demás.
Pero, ¿qué pasa cuándo son los demás los que reclaman besos?, los que chantajean, los que insisten o coaccionan?. No me gustan los chantajes para conseguir NADA, pero para conseguir gestos de cariño... eso no tiene nombre...Es difícil mostrarse contundente ante esto. Cuando es otra persona la que le pide besos a nuestros hijos e incluso llegan al chantaje emocional o material, a la insistencia... no queremos hacer sentir mal a esa persona o tememos resultar antipáticos o ariscos. Pero en estos casos, estamos olvidando lo más importante, que es cómo se sienten los pequeños. Y como digo, es complicado, porque como adultos tenemos muchos convencionalismos sociales, que nada tienen que ver con el cariño verdadero. A menudo creo que no se le da la importancia que tiene, pero un beso o un abrazo, requiere contacto físico, requiere expresar un sentimiento, y me parece de suma importancia que los niños desde pequeños tengan muy claro que eso sólo se hace CUANDO CADA UNO QUIERE.
Me quedo con el texto, extraído del blog de Pilar de Maternidad Continuum, imprescindible y muy revelador. Para reflexionar sin duda:
“Cuando forzamos a los niños a someterse al afecto no deseado para evitar ofender a un familiar o lastimar los sentimientos de un amigo, les enseñamos que sus cuerpos en realidad no les pertenecen porque tienen que dejar a un lado sus propios sentimientos sobre lo que se siente bien para ellos”, dijo Irene van der Zande, cofundadora y directora ejecutiva de Kidpower Teenpower Fullpower International (Poder total de niños y adolescentes), una organización sin fines de lucro especializada en enseñar seguridad personal y prevención de la violencia."
El cariño y el amor deberían ser espontáneos y siempre motivados por un verdadero sentimiento de amor o cariño. De hecho, para los niños es así. Ellos no entienden de chantajes ni besos robados ;-). No sienten la necesidad aún, de "quedar bien con nadie ni aparentar".
Yo esto lo tengo claro. Yo sólo beso y abrazo a quien quiero. Y por tanto, espero y quiero lo mismo para los demás.
Pero, ¿qué pasa cuándo son los demás los que reclaman besos?, los que chantajean, los que insisten o coaccionan?. No me gustan los chantajes para conseguir NADA, pero para conseguir gestos de cariño... eso no tiene nombre...Es difícil mostrarse contundente ante esto. Cuando es otra persona la que le pide besos a nuestros hijos e incluso llegan al chantaje emocional o material, a la insistencia... no queremos hacer sentir mal a esa persona o tememos resultar antipáticos o ariscos. Pero en estos casos, estamos olvidando lo más importante, que es cómo se sienten los pequeños. Y como digo, es complicado, porque como adultos tenemos muchos convencionalismos sociales, que nada tienen que ver con el cariño verdadero. A menudo creo que no se le da la importancia que tiene, pero un beso o un abrazo, requiere contacto físico, requiere expresar un sentimiento, y me parece de suma importancia que los niños desde pequeños tengan muy claro que eso sólo se hace CUANDO CADA UNO QUIERE.
Me quedo con el texto, extraído del blog de Pilar de Maternidad Continuum, imprescindible y muy revelador. Para reflexionar sin duda:
“Cuando forzamos a los niños a someterse al afecto no deseado para evitar ofender a un familiar o lastimar los sentimientos de un amigo, les enseñamos que sus cuerpos en realidad no les pertenecen porque tienen que dejar a un lado sus propios sentimientos sobre lo que se siente bien para ellos”, dijo Irene van der Zande, cofundadora y directora ejecutiva de Kidpower Teenpower Fullpower International (Poder total de niños y adolescentes), una organización sin fines de lucro especializada en enseñar seguridad personal y prevención de la violencia."
Por besos, abrazos, cariños libres en la infancia
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El principio del fin
La verdad es que en estos tres añitos de vida de mi pequeña, no me había planteado ni mucho ni poco, cómo y cuándo sería el fin de nuestra lactancia.
Con el paso de los meses y luego de los años, comencé a saber que no sería algo muy forzado ni por supuesto obligado. Pero nada más. Nunca me planteé nada más. Sólo he disfrutado y nos hemos dejado llevar. Nunca sabes las circunstancias que te deparará la vida ni en esto ni en nada, y por tanto lo único que puedes hacer es disfrutar por el camino. Me ha aportado algunos de los momentos más bonitos, íntimos y reconfortantes de mi maternidad. Momentos de reencuentro tras largas horas sin vernos, momentos de curación y de única fuente de consuelo y alimento ante virus y demás parientes, momentos de juegos, de mimos y de risas. Y mucho, mucho más, difícil de explicar con palabras, y supongo que difícil de entender sino has vivido la lactancia como se vive cuando no concibes otra cosa tras el nacimiento del bebé.
Superando cualquier contratiempo o dificultad, de las que no tenemos apenas recuerdos. Atrás quedaron horas de sacaleches encerrada en el coche en el garaje del trabajo, atrás quedaron también algunas críticas y algunas dudas. Nada de eso es lo que perdura. Nada existe y nada nos ha hecho plantearnos abandonar la lactancia, mientras no fuera el momento.
Ahora y casi sin darnos cuenta, le estamos diciendo adiós, o se lo hemos dicho ya. No sabría ni podría asegurarlo. Casi acercándonos al tercer cumpleaños, de la peque y con ella de nuestra lactancia, parece decirnos... "¡Eh, que me hago mayor de verdad!".
El destete, guiado y llevado a cabo exclusivamente por nuestrapequeña bebé, que se nos hace una niña grande, lo está haciendo mejor y con más mimo de lo que nunca hubiera imaginado. Porque si algo siempre tuve claro es que el fin de esta etapa me haría sentir cierta penilla y nostalgia.
Pero de nuevo mi niña me enseña y me da una gran lección del más puro amor, quitándole a su mamá la teta poquito a poco y sin que se entere... ;-) haciendo que no recuerde ya de una vez a la siguiente cuántos días pasaron desde que tomó su tetita por última vez, sorprendiendo de vez en cuando con un "mamá quiero tetita", para probar un poquito, unos segundos y dejarlo estar... Como si no quisiera despedirse del todo, como si entendiera mi necesidad de una despedida muy lentita y cuidadosa. Así es mi niña. Así lo ha hecho o así lo hará.
Con el paso de los meses y luego de los años, comencé a saber que no sería algo muy forzado ni por supuesto obligado. Pero nada más. Nunca me planteé nada más. Sólo he disfrutado y nos hemos dejado llevar. Nunca sabes las circunstancias que te deparará la vida ni en esto ni en nada, y por tanto lo único que puedes hacer es disfrutar por el camino. Me ha aportado algunos de los momentos más bonitos, íntimos y reconfortantes de mi maternidad. Momentos de reencuentro tras largas horas sin vernos, momentos de curación y de única fuente de consuelo y alimento ante virus y demás parientes, momentos de juegos, de mimos y de risas. Y mucho, mucho más, difícil de explicar con palabras, y supongo que difícil de entender sino has vivido la lactancia como se vive cuando no concibes otra cosa tras el nacimiento del bebé.
Superando cualquier contratiempo o dificultad, de las que no tenemos apenas recuerdos. Atrás quedaron horas de sacaleches encerrada en el coche en el garaje del trabajo, atrás quedaron también algunas críticas y algunas dudas. Nada de eso es lo que perdura. Nada existe y nada nos ha hecho plantearnos abandonar la lactancia, mientras no fuera el momento.
Ahora y casi sin darnos cuenta, le estamos diciendo adiós, o se lo hemos dicho ya. No sabría ni podría asegurarlo. Casi acercándonos al tercer cumpleaños, de la peque y con ella de nuestra lactancia, parece decirnos... "¡Eh, que me hago mayor de verdad!".
El destete, guiado y llevado a cabo exclusivamente por nuestra
Pero de nuevo mi niña me enseña y me da una gran lección del más puro amor, quitándole a su mamá la teta poquito a poco y sin que se entere... ;-) haciendo que no recuerde ya de una vez a la siguiente cuántos días pasaron desde que tomó su tetita por última vez, sorprendiendo de vez en cuando con un "mamá quiero tetita", para probar un poquito, unos segundos y dejarlo estar... Como si no quisiera despedirse del todo, como si entendiera mi necesidad de una despedida muy lentita y cuidadosa. Así es mi niña. Así lo ha hecho o así lo hará.
Así comenzó el fin de esta maravillosa etapa.
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A estas alturas, y en estos tiempos...
Ante determinadas cosas, lo único que me viene a la mente es... ¿En serio...? ¿Es posible que aún estemos así...?.
Pues sí, es posible y real como la vida misma. Por mucho que a mí me cabree, me repatee y me requeterepatee... es así de triste y de cierto. Todavía hay algunas personas que tienen problemas con la lactancia de los demás...
Siempre me ha molestado que a l@s que defendemos y promovemos la lactancia materna se nos tache de un montón de cosas nada agradables, y hasta de radicales... Que no digo yo que no haya de todo, que lo habrá... Pero la verdad, no entiendo esas generalizaciones tan ofensivas y tan dañinas.
A mí particularmente, no me da igual con lo que sea alimentado cada bebé, para que negarlo. Me gusta y adoro ver que a un bebé se le alimenta con lo mejor que hay para él en el mundo, que es la leche de su mamá. Pero de ahí, a juzgar, acosar, radicalizar o intentar que nadie cambie de opinión va un mundo... Nunca lo he hecho y nunca lo haré. Si alguien me pregunta por mi opinión, se la doy, sino ni siquiera. Cada familia es un mundo y unas circunstancias, y no seré yo quien se meta en esos jardines. Las razones que cada uno y cada familia tenga para hacer lo que hace es lo principal y siempre, siempre se debe no sólo respetar, sino también comprender y no juzgar.
Pues la verdad, es que lo que yo conozco y veo a mi alrededor habitualmente entre l@s que defendemos la lactancia materna, es algo muy parecido. Respeto, respeto y respeto.
Y entonces, me pregunto... ¿por qué cada poco tiempo tiene que saltar a la palestra una noticia sobre alguna mamá a la que se le ha invitado a dejar de dar el pecho a su bebé en público?... Increíble pero cierto. Y muy triste por cierto.
Para no tener que resumir ni dar mis razones al respecto, voy a copiar literalmente el artículo que Pilar Martínez de Maternidad Continuum nos invita a compartir, que hace un magnífico resumen del porqué resulta una auténtica vergüenza y desfachatez que ocurran cosas así.
Reitero por supuesto algo que también Pilar nos dice y que siempre he pensado en estos casos. ¿?A nadie se le ha ocurrido pensar que las tetas existen y están ahí por un único motivo??. Y no es precisamente para lucir escotes...
Todo al final va a parar a la misma conclusión para mí. Es una cuestión de educación. Es fundamental que vivamos en una sociedad en la que se nos eduque desde pequeños en la naturalidad de la lactancia materna, en que lo natural y lo mejor para los bebés es tomar teta. Cuando, dónde y cómo quiera.
En fin, vergüenza ajena se siente al tener que compartir esto:

Una vez más, una madre es “invitada a marcharse” por el simple hecho de amamantar a su hijo en un lugar público. Desgraciadamente, cada cierto tiempo surgen casos como el que hoy te voy a contar y es algo que me parece indignante.
Según los resultados de la Encuesta Nacional sobre Hábitos de Lactancia Materna, el 43% de las madres lactantes siente dificultades a la hora de dar el pecho en público. ¡El 43%! ¡casi la mitad de las mamás! Por lo que es muy necesario tomar cartas en el asunto.
Copio literalmente el testimonio de esta madre que valientemente está queriendo dar difusión a su caso para que otra madre no tenga que pasar por esa siatuación incómoda:
Además, estas trabajadoras dijeron una enorme mentira porque esas normas donde está escrito que no se puede dar el pecho en el IVAM no existen. Ellas simplemente actuaron por iniciativa propia y después no quisieron asumir sus propios prejuicios.
El resto de ventajas de tener pechos es totalmente secundario para la supervivencia del ser humano y como bien dijo mi socia Ruth Giménez en una charla “Si las mujeres no usáramos los pechos para amamantar, con el paso de los años y gracias a la evolución, al final desaparecerían. Igual que han desaparecido muchas otras cosas que los usamos ya no necesitamos”
De hecho, es algo tan importante que todos los bebés comen a demanda, incluso los que toman biberón. Y todavía voy más lejos….yo creo que todos deberíamos comer a demanda, incluso los adultos.
Amamantar a tu bebé es el mayor regalo que puedes hacerle, es un acto de nutrición tanto alimenticia como afectiva y quien no lo entienda, que mire para otro sitio.
En medio de todo este revuelo, la Asociación Española de Pediatría emitió un comunicado muy acertado en el que se explicó la necesidad de los bebés de ser alimentados a demanda y los motivos de por qué no se debe obligar a un bebé a esperar a buscar un “lugar más íntimo” cuando se trata de darle el pecho.
Si eres expulsada por dar el pecho en público puedes hacer lo mismo que hizo Verónica: mantener la calma, pedir explicaciones y poner una reclamación.
Si te interesa ampliar la información sobre cómo actuar si intenta expulsarte de algún sitio por amamantar, te invito a visitar la web de la Asociación Lactancia en Libertad porque recogen mucha información muy interesante.
Pues sí, es posible y real como la vida misma. Por mucho que a mí me cabree, me repatee y me requeterepatee... es así de triste y de cierto. Todavía hay algunas personas que tienen problemas con la lactancia de los demás...
Siempre me ha molestado que a l@s que defendemos y promovemos la lactancia materna se nos tache de un montón de cosas nada agradables, y hasta de radicales... Que no digo yo que no haya de todo, que lo habrá... Pero la verdad, no entiendo esas generalizaciones tan ofensivas y tan dañinas.
A mí particularmente, no me da igual con lo que sea alimentado cada bebé, para que negarlo. Me gusta y adoro ver que a un bebé se le alimenta con lo mejor que hay para él en el mundo, que es la leche de su mamá. Pero de ahí, a juzgar, acosar, radicalizar o intentar que nadie cambie de opinión va un mundo... Nunca lo he hecho y nunca lo haré. Si alguien me pregunta por mi opinión, se la doy, sino ni siquiera. Cada familia es un mundo y unas circunstancias, y no seré yo quien se meta en esos jardines. Las razones que cada uno y cada familia tenga para hacer lo que hace es lo principal y siempre, siempre se debe no sólo respetar, sino también comprender y no juzgar.
Pues la verdad, es que lo que yo conozco y veo a mi alrededor habitualmente entre l@s que defendemos la lactancia materna, es algo muy parecido. Respeto, respeto y respeto.
Y entonces, me pregunto... ¿por qué cada poco tiempo tiene que saltar a la palestra una noticia sobre alguna mamá a la que se le ha invitado a dejar de dar el pecho a su bebé en público?... Increíble pero cierto. Y muy triste por cierto.
Para no tener que resumir ni dar mis razones al respecto, voy a copiar literalmente el artículo que Pilar Martínez de Maternidad Continuum nos invita a compartir, que hace un magnífico resumen del porqué resulta una auténtica vergüenza y desfachatez que ocurran cosas así.
Reitero por supuesto algo que también Pilar nos dice y que siempre he pensado en estos casos. ¿?A nadie se le ha ocurrido pensar que las tetas existen y están ahí por un único motivo??. Y no es precisamente para lucir escotes...
Todo al final va a parar a la misma conclusión para mí. Es una cuestión de educación. Es fundamental que vivamos en una sociedad en la que se nos eduque desde pequeños en la naturalidad de la lactancia materna, en que lo natural y lo mejor para los bebés es tomar teta. Cuando, dónde y cómo quiera.
En fin, vergüenza ajena se siente al tener que compartir esto:
Trabajadores del IVAM se inventan unas normas en las que se prohíbe amamantar en sus instalaciones

Una vez más, una madre es “invitada a marcharse” por el simple hecho de amamantar a su hijo en un lugar público. Desgraciadamente, cada cierto tiempo surgen casos como el que hoy te voy a contar y es algo que me parece indignante.
Según los resultados de la Encuesta Nacional sobre Hábitos de Lactancia Materna, el 43% de las madres lactantes siente dificultades a la hora de dar el pecho en público. ¡El 43%! ¡casi la mitad de las mamás! Por lo que es muy necesario tomar cartas en el asunto.
Copio literalmente el testimonio de esta madre que valientemente está queriendo dar difusión a su caso para que otra madre no tenga que pasar por esa siatuación incómoda:
“Resulta que ayer estaba en el IVAM (museo de arte moderno de Valencia), dando una vuelta con mi familia, y en cierto momento mi hijo me pidió teta. Yo como siempre hago y le explique mama se estaba poniendo la mochila para darle la teta y en cuanto estuve preparada procedí a calmarle con su adorada teta. En ese momento la jefa de sala que estaba a mi lado se dirigió a la guardia de seguridad y ambas vinieron a invitarme a ir al cuarto de baño a darle de mamar a mi hijo. Le pregunte si ellas almorzaban en el baño y que donde estaba escrito que yo no podía darle de mamar a mi hijo. Se fueron a consultarlo y nadie me dio mas explicaciones, Rafa (mi hijo) termino su teta, y luego la otra, y yo seguí esperando una explicación. Al final opte por preguntar y me indicaron que no que estaba en las normas. Baje a recepción pedí las normas y nadie me supo decir donde estaban, así que por supuesto antes de irme pedí el libro de reclamaciones. Llevaré la reclamación a la oficina del consumidor pero no aspiro a que hagan mucho, así que me gustaría que me aconsejarais, porque creo que todos deberíamos poner nuestro granito de arena y este puede ser el mío. Gracias de nuevo.” Verónica GonzálezMe parece increíble (y me sigue sorprendiendo) que a día de hoy sigan ocurriendo estas cosas, estas actitudes criminalizadoras como si esa madre y su hijo estuvieran haciendo algo malo o pecaminoso.
Además, estas trabajadoras dijeron una enorme mentira porque esas normas donde está escrito que no se puede dar el pecho en el IVAM no existen. Ellas simplemente actuaron por iniciativa propia y después no quisieron asumir sus propios prejuicios.
Nos olvidamos de lo primordial
1. Los pechos sirven para amamantar
Las mujeres no tenemos pechos para llevar escotes bonitos, ni para posar en calendarios desnudas, ni siquiera para dar placer sexual. Los pechos están diseñados por la naturaleza para amamantar.El resto de ventajas de tener pechos es totalmente secundario para la supervivencia del ser humano y como bien dijo mi socia Ruth Giménez en una charla “Si las mujeres no usáramos los pechos para amamantar, con el paso de los años y gracias a la evolución, al final desaparecerían. Igual que han desaparecido muchas otras cosas que los usamos ya no necesitamos”
2. Los bebés comen a demanda
A demanda significa que debe comer cuando quiera, esté donde esté y sea cuando sea. Esto es muy importante para la producción de leche materna, para que el bebé aprenda a autorregular su alimentación y para su salud actual y futura.De hecho, es algo tan importante que todos los bebés comen a demanda, incluso los que toman biberón. Y todavía voy más lejos….yo creo que todos deberíamos comer a demanda, incluso los adultos.
3. No estás haciendo nada malo
Si una persona se siente incómoda por verte amamantar a tu bebé es SU problema no el tuyo.Amamantar a tu bebé es el mayor regalo que puedes hacerle, es un acto de nutrición tanto alimenticia como afectiva y quien no lo entienda, que mire para otro sitio.
4. La ley está contigo
España debe cumplir la Convención sobre Derechos del Niño de UNICEF y en ella se dice claramente:Art. 24.2 Los Estados Partes asegurarán la plena aplicación de este derecho y, en particular, adoptarán las medidas apropiadas para: e) Asegurar que todos los sectores de la sociedad, y en particular los padres y los niños, conozcan los principios básicos de la salud y la nutrición de los niños, las ventajas de la lactancia materna, la higiene y el saneamiento ambiental y las medidas de prevención de accidentes, tengan acceso a la educación pertinente y reciban apoyo en la aplicación de esos conocimientos.
5. Los pediatras también
Hace poco más de un año, expulsaron a una madre de una conocida tienda de ropa (Primark). Esto fue el detonante de toda una campaña mediática en las redes sociales, varios actos de protesta e incluso la creación de una Asociación que promueve la lactancia en público: Lactancia en Libertad.En medio de todo este revuelo, la Asociación Española de Pediatría emitió un comunicado muy acertado en el que se explicó la necesidad de los bebés de ser alimentados a demanda y los motivos de por qué no se debe obligar a un bebé a esperar a buscar un “lugar más íntimo” cuando se trata de darle el pecho.
La alimentación al pecho tiene que ser a demanda, es decir, hay que ofrecer el pecho al bebé cuando éste lo pida y durante el tiempo que quiera, hasta que lo suelte espontáneamente. De este modo se regula la producción de leche según las necesidades del niño
Las salas de lactancia se pensaron para proporcionar a las madres lactantes la opción de disponer de un espacio apartado, íntimo y cómodo para amamantar a su hijo, pero su uso no se ha de entender como algo obligatorio. El objetivo principal de estas salas no debe ser ocultar a las madres que dan el pecho, sino ayudarlas.
Lactar en público no debe ser visto como algo obsceno ni sexual, ni algo que deba ser escondido o restringido. Esta actitud representa un obstáculo para continuar con la lactancia y desanima a las futuras madres que pueden ver modificada su decisión de alimentar al pecho a su bebé por las dificultades sociales que esto conlleva.
¿Qué se puede hacer?
Ayudarnos a difundir este atropello de los derechos de este niño y de su madre.Si eres expulsada por dar el pecho en público puedes hacer lo mismo que hizo Verónica: mantener la calma, pedir explicaciones y poner una reclamación.
Si te interesa ampliar la información sobre cómo actuar si intenta expulsarte de algún sitio por amamantar, te invito a visitar la web de la Asociación Lactancia en Libertad porque recogen mucha información muy interesante.
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Las Emociones Pasajeras...
Creo que nuestra pequeña está descubriendo y experimentando últimamente un torbellino de emociones que ni ella misma a veces controla... Y de eso se trata no...?. De irlo aprendiendo poco a poco... Sin prisas, sin pausa, sin reprimir, sin juzgar y sin esconder ninguna de ellas.
Ninguna es mejor que otra. Todas están ahí, todas forman parte de nuestro mundo y de nuestro yo, y lo mejor es dejarlas salir, con libertad y con la tranquilidad de saber e ir conociendo que todas ellas son pasajeras y que ni una ni otra se quedarán para siempre con nosotros. Esa es para mí la mejor manera de aprender a gestionar esa vorágine de sentimientos que van surgiendo y que vamos conociendo según nos hacemos mayores.
Creo que una parte importante del aprendizaje de la gestión de esas emociones, es saber que llegan y se van, que lo que sentimos es momentáneo y que no será permanente. Irles enseñando y mostrando esto, pienso que les ayudará mucho a conocerse y aceptarse. Y no sólo aceptarse ellos mismos, sino también en la misma medida a los demás.
Se dice contínuamente a los niños, frases como "no llores", "no te enfades", "si lloras me pondré triste" (en el mejor de los casos)... En otros casos peores, incluso amenazas del tipo "si lloras, no te compraré tal o cual cosa", "eres un enfadica", "¡no está bien que seas tan llorón!". La tristeza, la frustración, y casi todo lo que no sea alegría y buen humor no son bien aceptados en nuestra sociedad. Pero debemos ser conscientes de que forman parte de nosotros al igual que cualquier otra emoción. ¿Qué hay de malo en sentirse triste por una enfermedad, un enfado, o cualquier otra cosa?. ¿No es lo más natural del mundo que un niño se sienta triste al separarse de sus papás y quedar al cuidado de personas desconocidas?. A mí me parece algo totalmente normal y sano.
Negar las emociones jamás podrá hacernos bien. Ocultarlo porque está mal visto o porque a otros les hace sentir mal, no hará que dejemos de sentirnos así. Toda esa rabia, tristeza, enfado ¡o incluso alegría a veces! que guardamos y no expresamos queda dentro y lo canalizamos de la manera que cada uno buenamente puede. En el caso de los niños, desgraciadamente no creo que tengan muchas herramientas para hacerlo de un modo sano y adecuado. En el caso de los adultos... muchas veces tampoco y acaban apareciendo en forma de transtornos de ansiedad, estrés, y en definitiva cualquier tema psicosomático.
A mí particularmente no me gusta que si estoy enfadada o triste por algo se me intente despistar, negar o ignorar lo que me pasa. Si necesito llorar, o dialogar sobre algo o lo que sea, prefiero hacerlo y zanjarlo, dejar salir lo que me preocupa y expresar el porqué de mis emociones. Luego te quedas mucho más a gusto y en paz contigo mismo.
Hay veces que simplemente nos sentimos tristes o apagados, y ni siquiera sabemos por qué... No sabemos el motivo principal, no pasa nada. Hagamos caso a nuestras emociones. Que salgan, que cumplan su labor y después se marcharán. Todo pasa...
Últimamente, he notado que Paula, habla y juega con sus propias emociones y estados de ánimo. Está aprendiendo sobre ellos y de ellos, y creo que le hace hasta gracia... Acrecentado todo por el cambio de etapa en su vida, el paso definitivo de bebé a niña, el cambio de amigos, de personas de referencia, su reafirmación como persona independiente... vive día a día un sinfín de sentimientos que a veces ya va controlando y otras sin embargo, le desbordan.
Yo trato de no decirle nunca que no llore, o que no se sienta de esta o de aquella manera, le pregunto cómo se siente, le digo que lo entiendo, que es difícil a veces separarse, que yo también la echo de menos, que la quiero mucho... Y en ocasiones, cuando no sé muy bien cómo actuar, porque a veces también me desborda, guardo silencio a su lado o le doy un abrazo y besos (casi siempre funciona, je je... ;-). En estos días también he tenido mis momentos de desesperación al verla protestar por todo, llorar a cada rato, negarse absolútamente a todo; y a pesar de saber que no deja de ser su manera de gritarle al mundo que lo estaba pasando regular, ha habido momentos en que he decaído, he alzado la voz y le he hecho partícipe de mi desesperación... Más tarde le he pedido perdón, le he dado mil besos y cariños y le he explicado cómo me he sentido y el porqué. Es taaan amorosa... Se muestra comprensiva y parece que te entendiera perféctamente.
Llevamos unos días en que ella misma se ha medio inventado una especie de juego en el que me dice: "Cuando me enfado... (y pone cara y gesto de enfadada)", "Cuando estoy contenta... (y se empieza a carcajear por todo lo alto". Yo la sigo y le pongo ejemplos de otras tantas emociones que a ella no se le ocurren: "cuando tengo miedo..." "cuando estoy cansada...". ¡Y así pasamos unos ratos la mar de divertidos poniendo caras y gesticulando!.
Ha sido un juego que ella solita me ha mostrado, pero que me parece muy positivo, divertido y enriquecedor para ella. Y como decía antes, una buena manera también de comprender y ensayar que las emociones son pasajeras, vienen y se van. Y comprender esto, creo que es la clave. Cuando lleguen hay que dejarles entrar, comprenderlas y tal cual se irán.
Ninguna es mejor que otra. Todas están ahí, todas forman parte de nuestro mundo y de nuestro yo, y lo mejor es dejarlas salir, con libertad y con la tranquilidad de saber e ir conociendo que todas ellas son pasajeras y que ni una ni otra se quedarán para siempre con nosotros. Esa es para mí la mejor manera de aprender a gestionar esa vorágine de sentimientos que van surgiendo y que vamos conociendo según nos hacemos mayores.
Creo que una parte importante del aprendizaje de la gestión de esas emociones, es saber que llegan y se van, que lo que sentimos es momentáneo y que no será permanente. Irles enseñando y mostrando esto, pienso que les ayudará mucho a conocerse y aceptarse. Y no sólo aceptarse ellos mismos, sino también en la misma medida a los demás.
Se dice contínuamente a los niños, frases como "no llores", "no te enfades", "si lloras me pondré triste" (en el mejor de los casos)... En otros casos peores, incluso amenazas del tipo "si lloras, no te compraré tal o cual cosa", "eres un enfadica", "¡no está bien que seas tan llorón!". La tristeza, la frustración, y casi todo lo que no sea alegría y buen humor no son bien aceptados en nuestra sociedad. Pero debemos ser conscientes de que forman parte de nosotros al igual que cualquier otra emoción. ¿Qué hay de malo en sentirse triste por una enfermedad, un enfado, o cualquier otra cosa?. ¿No es lo más natural del mundo que un niño se sienta triste al separarse de sus papás y quedar al cuidado de personas desconocidas?. A mí me parece algo totalmente normal y sano.
Negar las emociones jamás podrá hacernos bien. Ocultarlo porque está mal visto o porque a otros les hace sentir mal, no hará que dejemos de sentirnos así. Toda esa rabia, tristeza, enfado ¡o incluso alegría a veces! que guardamos y no expresamos queda dentro y lo canalizamos de la manera que cada uno buenamente puede. En el caso de los niños, desgraciadamente no creo que tengan muchas herramientas para hacerlo de un modo sano y adecuado. En el caso de los adultos... muchas veces tampoco y acaban apareciendo en forma de transtornos de ansiedad, estrés, y en definitiva cualquier tema psicosomático.
A mí particularmente no me gusta que si estoy enfadada o triste por algo se me intente despistar, negar o ignorar lo que me pasa. Si necesito llorar, o dialogar sobre algo o lo que sea, prefiero hacerlo y zanjarlo, dejar salir lo que me preocupa y expresar el porqué de mis emociones. Luego te quedas mucho más a gusto y en paz contigo mismo.
Hay veces que simplemente nos sentimos tristes o apagados, y ni siquiera sabemos por qué... No sabemos el motivo principal, no pasa nada. Hagamos caso a nuestras emociones. Que salgan, que cumplan su labor y después se marcharán. Todo pasa...
Últimamente, he notado que Paula, habla y juega con sus propias emociones y estados de ánimo. Está aprendiendo sobre ellos y de ellos, y creo que le hace hasta gracia... Acrecentado todo por el cambio de etapa en su vida, el paso definitivo de bebé a niña, el cambio de amigos, de personas de referencia, su reafirmación como persona independiente... vive día a día un sinfín de sentimientos que a veces ya va controlando y otras sin embargo, le desbordan.
Yo trato de no decirle nunca que no llore, o que no se sienta de esta o de aquella manera, le pregunto cómo se siente, le digo que lo entiendo, que es difícil a veces separarse, que yo también la echo de menos, que la quiero mucho... Y en ocasiones, cuando no sé muy bien cómo actuar, porque a veces también me desborda, guardo silencio a su lado o le doy un abrazo y besos (casi siempre funciona, je je... ;-). En estos días también he tenido mis momentos de desesperación al verla protestar por todo, llorar a cada rato, negarse absolútamente a todo; y a pesar de saber que no deja de ser su manera de gritarle al mundo que lo estaba pasando regular, ha habido momentos en que he decaído, he alzado la voz y le he hecho partícipe de mi desesperación... Más tarde le he pedido perdón, le he dado mil besos y cariños y le he explicado cómo me he sentido y el porqué. Es taaan amorosa... Se muestra comprensiva y parece que te entendiera perféctamente.
Llevamos unos días en que ella misma se ha medio inventado una especie de juego en el que me dice: "Cuando me enfado... (y pone cara y gesto de enfadada)", "Cuando estoy contenta... (y se empieza a carcajear por todo lo alto". Yo la sigo y le pongo ejemplos de otras tantas emociones que a ella no se le ocurren: "cuando tengo miedo..." "cuando estoy cansada...". ¡Y así pasamos unos ratos la mar de divertidos poniendo caras y gesticulando!.
Ha sido un juego que ella solita me ha mostrado, pero que me parece muy positivo, divertido y enriquecedor para ella. Y como decía antes, una buena manera también de comprender y ensayar que las emociones son pasajeras, vienen y se van. Y comprender esto, creo que es la clave. Cuando lleguen hay que dejarles entrar, comprenderlas y tal cual se irán.


